Menos agravio se hace al que presto se niega lo que pide.
Frases célebres sobre: pid. [Página 70]
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No hay nada tan veloz como la calumnia; ninguna cosa es más fácil de aceptar, ni más rápida de extenderse
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Razonar y convencer, ¡qué difícil, largo y trabajoso! ¿Sugestionar? ¡Qué fácil, rápido y barato!
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El ahorro excesivo declina rápidamente hacia la tacañería, cayendo en la exageración de reputar superfluo hasta lo necesario
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Las luchas internas impidieron al PCE utilizar un capital político de gran valor, como ser el partido que había hecho posible con su política la reconciliación de los españoles y el restablecimiento de la democracia
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El que pide con timidez invita a negar
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Los espíritus fuertes disfrutan de las adversidades como los soldados intrépidos triunfan en las guerras.
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Al que tiene el poder le impide hacer muchas cosas el amor a los suyos; se es más libre contra los que están enfurecidos.
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Las lágrimas no piden perdón, lo merecen.
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Con mástiles torcidos y proa sumergida, como el perseguido a gritos y a golpes aun pisa la sombra de su enemigo y hacia adelante dobla su cabeza, el barco iba rápido, fuerte rugía el estrépito y hacia el ojo del sur escapábamos.
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¿Quién ha tenido jamás valor para decirse la verdad? ¿Quién no se ha adulado a sí mismo cuando los demás le han alabado? Miramos con demasiada afición todo cuanto nos rodea y el favor que nos hacemos impide que nos juzgue¬mos con rectitud.
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El estúpido es un necio que calla; y desde este punto de vista es más soportable que un necio que habla.
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Morirás, es estúpido temer lo que no puedes evitar.
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Es preciso vigilar los deseos del cuerpo, pues el cuerpo pide placeres vanos, efímeros y deplorables, que si no se regulan con gran moderación irán a parar a la sensación opuesta.
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Sus palabras sobre el ejercicio de la paciencia, y sobre el estar prontos a servir y ajenos a la ira, son éstas: a quien te golpee en una mejilla, preséntale la otra, y a quien quiera quitarte la túnica o el manto, no se lo impidas. Más quienquiera que se
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A la luz de tu mirada despido mis penas todas, como a la luz de los astros la hoja despide la sombra.
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Los bandidos te piden la bolsa o la vida; las mujeres exigen ambos
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Sólo le pido al Eterno que al despuntar cada día, las sombras de nuestros cuerpos sorprenda la luz unidas.
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Los ojos consumidos por las injusticias se entretienen abyectos en todo aquello por cuanto han rogado durante mucho tiempo, en el último, el verdadero ruego al fin, el que nada pide.