La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias. Si queremos sembrar alegría en derredor nuestro precisamos que toda familia viva feliz.
Frases célebres sobre: prec. [Página 84]
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La vida es un juego; participa en él. La vida es demasiado preciosa; no la destruyas.
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Entre las características del mundo moderno no hay que olvidar la imposibilidad de apreciar en concreto la relación entre el esfuerzo y el efecto del esfuerzo. Demasiados intermediarios.
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Es preciso desarraigarse. Talar el árbol y hacer con él una cruz para luego llevarla todos los días.
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Puesto que no se puede esperar de un hombre que no posee la gracia que sea justo, es preciso que la sociedad esté organizada de tal manera que las injusticias se vayan corrigiendo unas a otras en una perpetua oscilación.
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La vida es preciosa, cuidala.
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La vida es demasiado preciosa, no la destruyas.
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Cada vez me siento mejor en estas tierras y menos a gusto en el extranjero. Me duele demasiado que nos ignoren, que nos menosprecien, que nos juzguen, sin siquiera darnos la oportunidad de defendernos.
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Para creer es preciso querer creer.
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La angustia es el precio de ser uno mismo
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La idea de cariño gratuito es precisamente la que ocupa el primer término entre las que forman el contenido latente del sueño.
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Nadie acepta ser viejo porque nadie sabe serlo, como un árbol o como una piedra preciosa.
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Yo desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino más honroso: derramar mi sangre por la libertad de mi patria
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La confianza ha de darnos la paz. No basta la buena fe, es preciso mostrarla, porque los hombres siempre ven y pocas veces piensan.
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Mi amor no precisa fronteras; como la primavera, no prefiere jardín
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Recuerda, la hora más oscura es la que precede a la aurora, el cambio se produce, con frecuencia, cuando te has rendido o cuando menos lo esperas.
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Inspiración, un término despreciado por todos los pedantes del mundo, y también por sus primos, los cursis.
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Hemos de comportarnos no como si tuviéramos que vivir para el cuerpo, sino como quien no puede vivir sin él. Para quien ama demasiado el cuerpo la honestidad es despreciable
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Ninguno es de otro menospreciado, si no lo es antes de sí.
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El primer grado de las riquezas es tener lo preciso, y el segundo la que basta.