Entonces queríamos reírnos de la filosofía francesa, tan seria, aunque ahora, tal como está el mundo, deberíamos reírnos de la filosofía mundial, que no ha servido de nada.
Frases célebres sobre: reír. [Página 11]
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Lo que más me gusta de un libro es que te haga reír un poco de vez en cuando.
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Yo estaba muy feliz de ver a los niños sonreír todo el día
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Hay que hacer reír en serio. No salir del paso con cualquier cosa. Yo me estoy jugando todos los domingos.
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Cualquiera que se tome demasiado en serio corre el riesgo de parecer ridículo. No ocurre lo mismo con quien siempre es capaz de reírse de sí mismo.
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Habla irónicamente sin sonreír. Sonríe sin hablar.
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En cierto momento logré sonreír de nuevo y sentirme mejor. No solo en el corazón, sino en todo mi cuerpo. Caí en la cuenta de que me hacía bien, que tenía que seguir sonriendo.
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A sonreír se aprende habiendo llorado mucho.
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Puedo transformar todo en un sketch, y en todas las cosas, incluso en las más trágicas, soy capaz de ver una maravillosa probabilidad de reír
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Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír.
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Su voz era muy bonita, alta, clara y tan llena de vida que te daban ganas de reír y llorar a la vez.
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Dios es un comediante que actúa para una audiencia demasiado asustada para reír.
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Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tú camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar ac
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No hay sueños imposibles ni tan lejos si somos como niños, sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír.
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Quédate ahí en medio de las prisas, envuélveme en caricias, los besos que te di y déjame perder el equilibrio jugando a darte el mundo y a hacerte sonreír.
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Magia es probar a volcar lo que hay en el fondo de ti, magia es verte sonreír.
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En ese momento, al verle sonreír, caí en la cuenta de que deseaba gustarle. Del resto, de su mano sobre mi cara, de sus dedos recorriéndome el brazo...Aún no estaba segura en absoluto. Pero deseaba agradarle y que él pensara bien de mi.
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Ahora disfrutaba el presente, no deseaba encontrarse en otro sitio. Vivía el presente por completo y transmitía ese gozo a las personas que estaban a su alrededor. El hombre sonrió, igual que el anciano solía sonreír. Ahora sabía. Ahora podía elegir entre
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¡Ay madre! Cuando estemos satisfechos de comer, de hablar, de reírnos y maravillarnos, nos vamos cada uno a lo nuestro: yo a mi cama, donde distraído abro la esclusa intemporal del sueño, tú a tu tumba, donde susurra la hierba familiarmente con su voz de
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Son tus ojos los que busco, son tus labios los que quiero ver sonreír.