No hay accidente, por desgraciado que sea, del que los hombres hábiles no obtengan provecho.
Frases célebres sobre: res. [Página 546]
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Lo que tomamos por virtudes a menudo no es más que un compuesto de diversas acciones y diversos intereses que el azar o nuestro ingenio consiguen armonizar, y no es siempre el valor y la castidad lo que hace que los hombres sean valientes y que las mujere
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Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.
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Es la prerrogativa de los grandes hombres tener sólo grandes defectos.
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La fuerza no puede jamás persuadir a los hombres; sólo logra hacerles hipócritas
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Es preciso estar siempre presto a declarar la guerra, para que no nos veamos obligados a la desgracia de tener que aceptarla.
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La franqueza en las mujeres, es casi siempre una inconsecuencia.
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Los que saben ocuparse en cualquiera lectura útil y agradable, jamás sienten el tedio que devora a los demás hombres en medio de las delicias.
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La fuerza no puede jamás persuadir a los hombres; sólo logra hacerlos hipócritas.
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De residuos de teoría construimos el martillo para demoler lo viejo.
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Es posible encontrar mujeres que no hayan tenido nunca aventuras; pero es muy raro encontrar que no hayan tenido más de una.
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La ausencia acaba con las pasiones mediocres y aumenta las grandes, así como el viento apaga las bujías y aviva el fuego.
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La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
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La gloria de los grandes hombres debe medirse siempre por los medios que han empleado para adquirirla.
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La felicidad reside en los gustos y no en las cosas; somos felices cuando tenemos lo que nos gusta y no cuando tenemos lo que los demás encuentran agradable.
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Si quieres tener enemigos, supera a tus amigos; si quieres tener amigos, deja que tus amigos te superen.
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Es más necesario estudiar a los hombres que a los libros.
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Hay varias clases de curiosidad; una, interesada, que nos lleva a desear aprender lo que nos puede ser útil; otra orgullosa, nacida del deseo de saber lo que otros ignoran.
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La pasión a menudo convierte en loco al más sensato de los hombres, y a menudo también hace sensatos a los más locos.
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La moderación es un temor a caer en la envidia y en el desdén que merecen los que se embriagan con su dicha; es una vana ostentación de la fuerza de nuestro ánimo; y finalmente, la moderación de los hombres que se ven muy encumbrados es un deseo de parece