La sabiduría compensa cualquier riqueza
Frases célebres sobre: ría. [Página 354]
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No hay ninguna felicidad donde no existe sabiduría
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Describo a la gente como debería ser, pero Eurípides los pinta como son
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Si me hubiese pegado una coz un asno, ¿lo denunciaría?
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El malo lo es por ignorancia, y por tanto se cura de ello con la sabiduría
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Para desembarcar en la isla de la sabiduría hay que navegar en un océano de aflicciones.
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Me gustaría emplear toda mi vida en viajar, si alguien me pudiera prestar una segunda vida para pasarla en casa.
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Me gustaría emplear toda mi vida en viajar, si alguien pudiera prestarme después otra vida para pasármela en casa.
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¡Sí! Te contestaré con alegría desde los intemporales campos celestes por donde camino: Estoy en tu corazón, y ¡qué feliz soy!
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Me desesperaría si no existieses y no me estuvieses esperando aquí con el ansioso aliento de tus fugaces flores.
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El esturión no encontró nunca refugio más bello para sus crías que las sanas entrañas de ella.
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Si la hipótesis se mantiene bajo todas las circunstancias, puede ser elevada a la categoría de teoría y aún más, si es suficientemente profunda, se considera como una ley.
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Si los resultados de un mismo experimento varían, aun cuando los factores conocidos permanezcan inalterados, eso significa a menudo, que algún factor o factores desconocidos están afectando los resultados.
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El camino voluntario y soberano hacia la alegría, si perdemos la alegría, consiste en proceder con alegría, actuar y hablar con alegría, como si esa alegría estuviera ya con nosotros.
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Dios pone a funcionar el electromagnetismo de acuerdo a la teoría de ondas el lunes, miércoles y viernes, y el diablo de acuerdo a la teoría cuántica el martes, jueves y sábado.
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Un hombre es la suma de sus propias desgracias. Podría creerse que la desgracia acabará un día por menguar, pero entonces es el tiempo el que se vuelve desgracia.
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Entre el dolor y la nada escogería el dolor.
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Se diría que el hombre puede soportarlo todo. Incluso lo que no ha hecho. Incluso la idea de que no puede soportar más.
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Fue, ... como si la ciudad, en su convulsión y su desgracia, hubiera generado espontánea y necesariamente ese minúsculo universo del alma, unas pocas ventanas intactas cegadas con pintura negra. Nadie quería ver la ciudad destrozada.
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¿Qué te haría pensar eso? preguntó, una contestación al azar, patética, pensó, que enmascaraba el terror que ahora sentía, que por fin se permitía sentir, y que era miedo a una pérdida de personalidad, de voluntad y dirección, miedo a amarlo como aún lo