A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas.
Frases célebres sobre: risa. [Página 13]
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¿Por qué razón el hombre se vanagloria de poseer una sensibilidad superior a la del bruto? Si nuestros impulsos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres; pero nos conmueve la más ligera brisa, y tan sólo una palabra o la imagen que
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La amapola florece y por la brisa del día desparramada.
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Presidente – le gritaba el marqués desternillándose de risa -, sin duda esto es un designio de la providencia, es el talión, amigo mío, la ley del talión, la ley predilecta de vuestros tribunales, ¿por qué os quejáis de estar colgado así? ¿acaso no conden
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Dulzor de brisa. En el verde de mil colinas un templo aislado.
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Soñando cada año en los crisantemos sueño por ellos.
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Cuando terminó la guerra sentí la fresca brisa de la libertad y con un sentimiento de descanso regresé a mi aldea materna para convertirme de nuevo en agricultor.
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¿Podríais contener la risa?
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Mi risa es mi espada, y mi alegría, mi escudo
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Los hombres deberían saber que del cerebro y nada más que del cerebro vienen las alegrías, el placer, la risa, el ocio, las penas, el dolor, el abatimiento y las lamentaciones.
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Las voces de la brisa dirán tu nombre como un rumor. Y en el jardín del alma renacerá una flor, y temblarán las manos al presentir tu amor.
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El trabajo sin prisa es el mayor descanso para el organismo.
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Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.
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La risa nos mantiene más razonables que el enojo
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Mi padre me dio un consejo: No tengas prisa por llegar al éxito. Y si llegas, ten mucho cuidado.
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Sin tener qué decir, pero profundamente destrozado, mi espíritu vacío llora su desventura de ser un soplo negro para las rosas blancas, de ser un agujero por donde se destruye la risa del amor, cuyos dos labios son la mujer y el hombre.
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Sólo la brisa, compañera de nadie, habla siempre en voz baja.
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Sobre tu espalda eléctrica eché mis dados: ¡Ases! Ases de tu sonrisa de azufre y tus descalzos pies sobre la caldera de la noche. Fugaces clavos titiriteros de tus pezones falsos.
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Porque en rosas y miel se abrió mi cuna mintió sonrisa eterna la fortuna. Todo se mudó al fin, como se mudan la onda, el viento, la mujer, la luna.
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Para los celos, no hay nada más terrible que la risa.