Estoy solo en el último tramo de la ausencia y el dolor hace horizonte en mi demencia.
Frases célebres sobre: rizo. [Página 5]
Hay un total de 130 freses célebres sobre "rizo" este sitio web. [Página 5]
-
-
Los galanes y los cortejos van a apostar con las señoras, y ofrecen una caja de guantes o un estuche de perfumes, en cambio de la pálida camelia que se marchita en los cabellos de la dama o del coqueto alfiler de oro que detiene los rizos en la nuca.
-
Ver otro cielo, otro monto, otra playa, otro horizonte, otro mar, otros pueblos, otras gentes de maneras diferente de pensar.
-
El horizonte está en los ojos y no en la realidad.
-
El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo.
-
Señor, no te pido ver el horizonte lejano, un paso por dia es suficiente para mi.
-
El corazón del hombre es como el horizonte: una parte del cielo; pero, como el horizonte, cambia noche y día
-
En tus manos soy mar incontenible, horizontales anhelos, hembra previsible ante la presencia de innumerables goces.
-
Es achaque de gobiernos primerizos dejar la economía en manos expertas, porque al profano le parece difícil, y tomar en manos propias, no expertas, la política exterior, porque al profano le parece fácil.
-
Torciendo mi camino avanzo al horizonte de platino, desnuda hasta del propio pensamiento.
-
Vivimos bajo el mismo techo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte.
-
Vivimos bajo el mismo cielo, pero ninguno tenemos el mismo horizonte.
-
La vida es una caída horizontal.
-
Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época.
-
Agua de sol, cencerros de horizontes enlazaban la intensidad armónica de nuestros cuerpos claros y vigorosos, en plenitud de luces infinitas.
-
El viento tiritaba impaciente en los árboles oscuros, y en algún lugar de la lejanía, detrás del horizonte, murmuraba en voz baja, enfadado, el trueno.
-
Estamos durmiendo sobre un volcán... Un viento de revolución nos golpes, la tormenta está en el horizonte.
-
Al morir las penurias del descanso eterno, no habría razón para sostener una vil trampa, sino que el horizonte abierto se cerraría al invierno de lo centenario: Insubordinación.
-
Dame, Dios mío, más dilatados horizontes, nuevas tierras para extender tu reino
-
A la sazón, el verano y el humo habían pasado. Los delfines aún jugaban, arqueando el horizonte, pero sólo para levantar recuerdos de puertas espirituales.