Cuando me vaya volveré atado a este silencio que deja la nada. No te asustes si me ves cayendo entre la lluvia que golpea tu ventana. Frases sueltas.
Frases célebres sobre: silenc. [Página 11]
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Creo en los silencios cuando la palabra aturde. Las lágrimas aprenden a reír.
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Sólo el silencio es grandioso; todo lo demás es debilidad.
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El pueblo aprendió que estaba solo... El pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza.
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Perseverar en el cumplimiento de su deber y guardar silencio es la mejor respuesta a la calumnia.
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Los silencios más intensos son los que están repletos de todo lo que ya se ha dicho
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Si fuera a dispararle a un mimo usaría un silenciador.
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La voz del enemigo nos acusa, el silencio del amigo nos condena.
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La palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla.
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Incurrir en el pecado del silencio cuando se debiera protestar, hace cómplices y cobardes a los hombres.
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Seamos sabios como el silencio, fuertes como el viento y útiles como la luz.
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La verdadera inteligencia actúa silenciosamente. Es en la quietud donde encontramos la creatividad y la solución a los problemas.
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No le pidas consejo al insensato, pues no podrá mantenerlo en silencio
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La sociedad humana esta tan mal por las fechorías de los malos, como por el silencio cómplice de los buenos
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Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida.
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Oye, hijo mío, el silencio. Es un silencio ondulado, un silencio, donde resbalan valles y ecos y que inclina las frentes hacia el suelo
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Cuesta más responder con gracia y mansedumbre, que callar con desprecio. El silencio es a veces una mala respuesta, una respuesta amarguísima.
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Ah, noches silenciosas, de oscuras lunas suaves, noches largas, suntuosas, cruzadas de palomas, en un aire hecho manos, amor, ternura dada, noches como navíos...
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La luz tranquila que caía como una caricia sobre cuanto iluminaba, parecía hacer visible a los ojos del espíritu el silencio y la soledad de aquella estancia.
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Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.