El necio egoísta y sonriente, y el necio triste y ceñudo serán tenidos por sabios y servirán de norma.
Frases célebres sobre: sonriente.
Hay un total de 15 freses célebres sobre "sonriente" este sitio web.
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Jose Luis Rodriguez Zapatero, que no es la mitad de bueno de lo que el se cree, y es el doble de necio de lo que yo me temia, lleva su fanatismo y su sonriente odio más allá de toda razón.
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El té carece de la arrogancia del vino, del individualismo consciente del café, de la inocencia sonriente del cacao.sin fuentes
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¿Qué nos importa el Estado corporativo; qué nos importa que se suprima el parlamento si esto es para seguir produciendo con otros órganos la misma juventud cauta, pálida, escurridiza y sonriente, incapaz de encenderse por el entusiasmo de la Patria, y ni
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A menudo el odio se disfraza con una careta sonriente y la lengua se expresa en tono amistoso, mientras el corazón está lleno de hiel.
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En este momento, ¡yo le podía comer hasta 3 piezas diferentes! Alo que Tahl contestó sonriente: Cierto, ¡pero sólo podía comerme una pieza en cada jugada!
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No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes.
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A mi modo de ver, Watson, basado en mi experiencia, los más bajos barrios de Londres no presentan un record más terrible de pecado que el sonriente y bello campo.
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¡Ay! Todo pasará: niñez risueña, juventud sonriente, edad viril que en el futuro sueña...
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En desengaño camina sonriente detrás del entusiasmo.
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No hay que buscar en lugares raros ni inventar cosas artificiales. En cualquier perro, gato, chico indefenso o sonriente hay algo para contar. Es cuestión de saber mirar, tanto antes como ahora.
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En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.
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Feliz mil veces quien la ve y la siente; al nacerle el alma al punto empieza todo humilde pensar, toda dulzura, y no sabe, admirarla sonriente, si en ella se excedió naturaleza, o el milagro gentil tanta hermosura
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Las horas más dolorosas de la amante cuando se imagina a su amado con sus hijos en las rodillas mientras su mujer, sonriente, entra y sale con tentadoras bandejas.
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Ese ser prodigioso que se debatía sonriente en medio de su propio aniquilamiento como en un océano de goce, como en un orgasmo interminable.