La española ha sido siempre la cultura de la apariencia.
Frases célebres sobre: spa. [Página 83]
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En el mundo que hay fuera del monasterio, nadie se preocupa de ti. Los patos se tragan a los gusanos y los zorros matan a los patos. Luego, llega el hombre y dispara contra los zorros. El diablo caza al hombre.
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Decía que la integridad personal es como una espada: no debería blandirse hasta el momento de ponerla a prueba.
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El control automático ha desempeñado una función vital en el avance de la ingeniería y la ciencia. Ademas de su extrema importancia en los sistemas de vehículos espaciales, de guiado de misiles, robóticos y similares; el control automático se ha vuelto un
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Amo a mis Katycats en especial a los Españoles.
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Saltamontes cantando en las mangas de un espantapájaros.
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Los saltamontes gorgojean en las mangas de un espantapájaros.
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Para mí es: agua en espalda de pato
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El tacto es una forma de meterse cada uno en el espacio del otro.
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Los sonidos suficientemente atendidos, van definiendo un espacio, convirtiéndose en escultura.
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Las ideas se encienden unas con otras como las chispas eléctricas.
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No hay nada más espantoso que la ignorancia activa.
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El que no sabe llevar su contabilidad por espacio de tres mil años se queda como un ignorante en la oscuridad y sólo vive al día.
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El espacio dice a la materia como debe moverse; la materia con su gravedad dice al espacio como debe curvarse
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España, el bello pais del vino y las canciones.
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El requesón pisoteado, lejos de endurecerse, se desparrama.
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Un día desaparecemos con un leve roce como hojas muertas y nos transformamos en polvo y nos convertimos en chispas de estrellas y cantamos y flotamos felices con abrigos de fuego.
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Reinaba entonces en el ejército español un pundonor llevado hasta la más excesiva delicadeza y mi padre exageraba aún este exceso, cosa de que no puedo culparlo, pues el honor es, ciertamente, el alma y la vida de un militar.
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Quise ponerme de pie, pero estaba retenido en mi sitio, y en la imposibilidad de hacer ningún movimiento. Un frío glacial traspasó mis miembros; sentí el escalofrío de la fiebre: mis visiones se convirtieron en ensueños, y por último quedé dormido.
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El espectáculo era tanto más repulsivo cuanto que los horribles cadáveres, agitados por el viento, se balanceaban de manera fantástica, mientras buitres atroces los tironeaban para arrancarles jirones de carne; apartando los ojos con espanto, me hundí en