No ha de ser estimado dichoso el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida.
Frases célebres sobre: viejo. [Página 15]
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No ha de ser dichoso el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida.
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El que se olvida de los bienes gozados en el pasado es ya viejo hoy
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Si quieres vivir largamente, vive viejo.
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Los senos de la mujer son la única persistencia del hombre; los coge al nacer y ya no los suelta hasta morir de viejo.
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¡Las caras de las muñecas! Aunque nunca lo pensé me he vuelto viejo.
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Al mundo le falta un tornillo que venga un mecánico... ¿Pa' qué, che viejo? Pa' ver si lo puede arreglar.
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Viejo océano, tu forma armoniosamente esférica, que alegra la cara grave de la geometría, me recuerda demasiado los ojos pequeños del hombre, similares por su pequeñez a los del jabalí, y a los de las aves nocturnas por la perfección circular de su contor
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El viejo no puede hacer lo que hace un joven; pero lo que hace es mejor.
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Si quieres ser viejo mucho tiempo, hazte viejo pronto.
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Ningún hombre es tan viejo que no crea que no puede vivir otro año.
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Se debe empezar pronto a ser viejo si se quiere serlo mucho tiempo.
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Es preferible ser viejo menos tiempo que serlo antes de la vejez.
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Cuando se sirve bien a la patria, se tienen en todas partes muchos amigos viejos.
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No estoy para nada de acuerdo con los que se van del país. Si tu mamá está enferma, ¿Vos te vas a ir y vas a volver cuando esté mejor y te pueda preparar tortas fritas y el mate? No viejo, acá hay que quedarse y laburar entre todos para sacar a los chorro
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El diablo no sabe más por viejo que por diablo. Si se arrepiente no es por santidad; sino por impotencia.
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La tragedia de la vejez no consiste en ser viejo, sino en que aún se es joven.
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Quiero pensar que no me gusta volver atrás porque, aun cuando ya me voy haciendo bastante viejo, todavía prefiero mirar adelante, en la vida y en su autobiografía, los libros.
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Yo soy la Codicia, engendrada por un avaro en un viejo bolsón de cuero, y, de cumplirse mis deseos, haría que esta casa y cuantos en ella hay se convirtieran en oro para poder encerrarlos en mi buen cofre. ¡Oh, mi dulce oro!
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A veces, al pasar con los platos a espaldas de la tía, Simonetta dedica al viejo risueñas muecas de complicidad. Así su presencia juvenil hace florecer unas lilas en el corazón cansado.