Dios, al nacer nosotros, nos dio por cuna el corazón de una madre.
Frases célebres de Henri Lacordaire.
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El amor es como el relámpago: se desconoce dónde caerá hasta que cae.
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Después de la palabra, el silencio es el segundo poder del mundo
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La bondad -no el genio, ni la gloria, ni el amor- es lo que refleja la grandeza del alma humana
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Sobre todo sé bueno: la bondad, más que ninguna otra cosa, es lo que mejor desarma a los hombres.
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La adversidad descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir.
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Quien dice pasión, dice debilidad; quien dice virtud, dice fortaleza.
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Pensar es moverse en el infinito.
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La distancia es la piedra de toque de los verdaderos afectos.
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Dad de lo poco que tengáis a quienes tienen todavía menos que vosotros
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La libertad es el derecho de hacer lo que no perjudique a los demás.
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El carácter es la energía sorda y constante de la voluntad.
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El desprecio de la muerte, he ahí el principio de la fuerza moral.
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Sin libertad, el mundo no sería más que un mecanismo.
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La caridad es el océano desde donde salen y a donde van a parar todas las demás virtudes.
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Contemplado el mundo se puede dudar de la mujer; pero ya no es posible dudar más mirando la propia madre.
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La libertad no es posible más que en aquellos países donde el derecho predomina sobre las pasiones.
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La gloria es un veneno que pasa también a través del bronce de los corazones más equilibrados.
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Si me preguntas porqué he preferido la Orden de Predicadores, responderé que es la más conforme a mi naturaleza, a mi inteligencia y a mi fin; a mi naturaleza, por su gobierno; a mi inteligencia, por sus doctrinas; a mi fin, por sus medios de acción que s
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La soledad es una gran fuerza que preserva de muchos peligros.