Para algunos hombres que hacen gala de ser demócratas, la democracia es una camisa de fuerza.
Frases célebres de Ignacio Manuel Altamirano. [Página 5]
Ignacio Manuel Altamirano fue un escritor, periodista, profesor y político mexicano.
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Para echar abajo a un león basta herirlo con una bala o con un dardo; pero una vez que un reptil se ha enredado a la punta de una roca o al tronco de un árbol, hay que arrancarlo a pedazos. En la política es lo mismo; los ministros orgullosos caen al prim
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Para profesar odio a una persona, es preciso, como para amarla, tenerle estimación. A los que no se estima se les desprecia simplemente.
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Para trepar sobre una roca, el reptil se arrastra; el león da un salto. Para llegar al poder, el hombre reptil comienza por humillarse; el hombre león comienza por ser altivo.
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¡Pílades y Orestes! Vuestra amistad, como los amores de los dioses, pertenece a la fábula.
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Por más hablador que sea un hombre, siempre, siempre se calla las nueve décimas partes de lo que piensa.
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¿Queréis hablar estando poseído de ira? Adoptad el acento de los grandes trágicos y no gritéis. La voz apagada es más terrible y más elegante, si esto último puede decirse.
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Si fueran a reproducirse en los papeles públicos, los elogios que durante la ausencia se hacen los amigos íntimos, habría duelos a muerte todos los días.
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Si la culebra pudiese hablar, sería el mayor calumniador del león. Los hombres reptiles por eso persiguen con su lengua a las almas superiores.
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Si veis a un hombre que se enfurece contra todo el mundo, abordadle sin cuidado, es un ser inofensivo.
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Sólo dos cosas hacen imposible la unión de un hombre y una mujer: el aseo y la imposibilidad física. ¿Qué valen las demás? ¿El parentesco? Por eso hay incestos; ¿el odio? Es un incentivo; ¿la virtud? Es un baluarte de papel de estraza; ¿la vigilancia? Es
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Sólo el amor criminal es más fuerte que el amor maternal, puesto que la adúltera abandona a sus hijos.
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Sufrir por la libertad... es marchar por un sendero de abrojos que sólo se convierte en rosas cuando uno ha pasado.
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Tácito es la indignación de la Historia contra la tiranía y el crimen.
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Un buen consejo a los solteros: No hay que casarse sino con una mujer que sea bastante hermosa para no necesitar dote, o bastante rica para no necesitar belleza.
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¡Una burbuja de jabón! ... ¡He aquí la vida de la felicidad!
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Y no disculparse del exceso cometido en la embriaguez de la cólera, es más insensato aún que cometerlo. Es el orgullo sosteniendo la estupidez.
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En la tumba de los mártires es donde crecen los laureles de la victoria.
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En la primavera de la vida, hasta las espinas florecen y hasta las penas tienen un sabor de felicidad.
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La religión es el hada buena de la infancia, ese crepúsculo matinal de la vida. Ella encanta el cerebro y el corazón de los niños y puebla de dulces y tiernos recuerdos el espacio azul de los primeros días.