La vida es una cadena de necedades de las que no es la menor la de no querer hacerlas.
Frases célebres de Ignacio Manuel Altamirano. [Página 4]
Ignacio Manuel Altamirano fue un escritor, periodista, profesor y político mexicano.
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Las buenas maneras son los signos masónicos de la decencia en todo el mundo.
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Las mujeres nunca encuentran inverosímil una lisonja que se les dirige.
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Las mujeres son como los niños; sólo lloran por sus caídas, cuando las ven.
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Los amigos íntimos son los que están más próximos a tornarse enemigos acérrimos.
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Los fatuos son los que menos gozan de las mujeres, pero son los que más las perjudican.
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Los guerreros más valientes han sido siempre los hombres más llenos de cortesanía, y aún cuando hayan sido insultados, se han mostrado afables.
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Los hombres que a todo sacan su valentía son como esa gente que tiene mala voz y que anda siempre cantando.
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Los hombres se extravían, las mujeres se pierden.
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Los ojos, en los cuales no se refleja el cielo de la Patria, son tristes.
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Muchas veces consigue el despecho lo que no puede conseguir la súplica.
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Nada hay que dé tanto valor como la justicia. La fuerza sólo da un valor artificial.
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Nada hay tan armonioso como el elogio que se ha merecido.
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Nada hay tan importante como el acento de la verdad.
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Nada hay tan lastimoso como una coqueta vieja.
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Nada hay tan lúgubre como la sonrisa de un viejo verde.
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Nada hay tan vacío como un cerebro lleno de sí mismo.
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Nadie tiene más mal corazón que las viejas devotas. Y es que con rezar, creen que desquitan todo el mal que hacen. Miradlas: destrozan una reputación, odian a la juventud, y a la belleza, dudan de la virtud arrastran a las mujeres a la prostitución por só
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No es bueno jurar, hay poco mérito en hacer una cosa por cumplir un juramento.
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Observad a las prostitutas: hablan mal de todas las mujeres; observad a los malvados: hablan mal de todos los hombres. Es un triste consuelo para estas dos clases de gente.