... el respeto por lo sentimientos ajenos es la mejor condición para una próspera y feliz vida de relaciones y afectos.
Frases célebres de José Saramago. [Página 10]
José Saramago escritor, periodista y dramaturgo portugués, Premio Nobel de Literatura 1998.
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Vamos hacia los quinientos canales de TV, y ¿para qué sirven? Para que la gente no cuestione el poder
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Las sociedades son apáticas y ni siquiera la evidencia de los hechos las conmueve o las mueve. Si no hay resistencia se puede llevar a las sociedades donde quiera
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¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?
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Disentir es uno de los derechos que le faltan a la Declaración de los Derechos Humanos
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El escritor es sólo un pobre diablo que trabaja
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Antes de empezar a escribir, tengo que escuchar lo que suena en mi cabeza, porque si acabo una frase con todo sentido, pero a esa frase le faltan armonía y melodía, es que aún sigue incompleta
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El triunfo nunca ha sido un objetivo para mi
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En un tiempo como el de ahora, en el que tan fácilmente se desprecia a los mayores, creo que soy un ejemplo muy bueno. Entre los 60 y los 84 he hecho una obra. Por tanto ¡ojo con los viejos!
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Tres mil personas exigen en Colombia que sus vidas no sean utilizadas como peones en un ajedrez de intereses que no son los suyos
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Ahora, no hay duda de que la búsqueda incondicional del triunfo personal implica la soledad profunda. Esa soledad del agua que no se mueve
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La historia de los hombres es la historia de sus desencuentros con Dios, ni él nos entiende a nosotros ni nosotros lo entendemos a él.
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Es curioso que las personas hablen tan ligeramente del futuro, como si lo tuviesen en la mano, como se estuviera en su poder apartarlo o aproximarlo de acuerdo con las conveniencias y necesidades de cada momento.
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Se ve que no conoces a las mujeres, son capaces de todo, de lo mejor y de lo peor si les da por ahí, son muy señoras de despreciar una corona a cambio de ir al río a lavarle la túnica al amante o de arrasarlo todo y a todos para sentarse en un trono.
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La carne es extremadamente débil, y no tanto por su culpa, pues el espíritu, cuyo deber, en un principio, sería levantar una barrera contra todas las tentaciones, es siempre el primero en ceder, en izar la bandera blanca de la rendición.
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... una adulación repetida acabará inevitablemente resultando insatisfactoria, y por tanto será como una ofensa.
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... mantener la disciplina y desarrollar el espíritu de cohesión siempre necesarios para cualquier tarea colectiva.
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Entraré en la nada y me disolveré en ella
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No es que sea pesimista, es que el mundo es pésimo
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Yo no escribo para agradar ni tampoco para desagradar. Escribo para desasosegar