Un mismo texto admite infinito número de interpretaciones
Frases célebres de Nietzsche. [Página 13]
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En verdad os digo que el que menos tiene es el más libre; bendita sea la pequeña pobreza
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Quizá nadie haya sido nunca bastante sincero para definir la sinceridad
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Sólo después de instituida la ley se puede hablar de justicia y de injusticia
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Cuando el hombre se pone a reír a carcajadas, supera a todos los animales en vulgaridad.
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El que no cree en si mismo miente siempre.
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La espiritualización de la sensualidad se llama amor.
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Mirad a esos superfluos, se hacen ricos y sin embargo empobrecen.
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Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a los que no saben volar.
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Quiero sacar a luz todos los secretos de vuestro fondo; y cuando estéis expuestos, escarbados, al sol, también vuestra mentira estará separada de vuestra verdad.
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¡Llevemos la luz a la Tierra, seamos la luz de la tierra! Para eso tenemos alas, por eso somos rápidos, severos, viriles, incluso terribles, semejantes al fuego. ¡Qué nos teman quienes no saben calentarse ni alumbrarse con este fuego que somos!
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Vosotros miráis hacia arriba cuando buscáis elevación, yo miro hacia abajo, porque estoy elevado. Decidme, ¿quién de vosotros puede reír y a la vez estar elevado? El que asciende a las más altas montañas se ríe de todas las tragedias: de las del teatro y
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En el amor siempre hay algo de locura, mas en la locura siempre hay algo de razón.
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Las virtudes del filósofo son la administración de una justicia grande; el arte de mandar; la amplitud de voluntad; el ojo reposado, que rara vez se admira, que rara vez se humilla, que rara vez ama...
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Vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, eso es lo que ahora se convierte en el sentido de la vida...
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Yo considero pervertido a un animal cuando pierde sus instintos.
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En el amor se soporta más que en cualquier otro estado.
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Nietzsche es alguien que sólo se deja vencer por la verdad.
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La existencia del superhombre comienza y concluye en el amor a nuestro destino, aceptación de uno mismo, convertido este destino en libertad por aceptación del propio destino.
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No hay reglas, no hay normas, no hay leyes; no hay otra guía que un poderoso instinto de probidad, de honestidad, de bondad, de honradez.