No miente sólo el que habla contrariando su propio saber, sino sobre todo el que habla contrariando su propio no saber.
Frases célebres de Nietzsche. [Página 8]
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Los hombres más intelectuales como son fuertes encuentran su felicidad allí donde otros encontrarían su ruina: en el laberinto, en la dureza consigo mismos y con los demás, en el experimento; su goce consiste en vencerse a sí mismos.
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La ociosidad es el comienzo de toda psicología. ¿Cómo?, ¿sería la psicología un vicio?
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Para vivir solo hay que ser un animal o un dios —dice Aristóteles—. Falta el tercer caso: hay que ser ambas cosas — un filósofo.
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El remordimiento es como la mordedura de un perro en una piedra: una tontería.
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Dios ha muerto. Parece que lo mataron los hombres.
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Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía.
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Lo que más me molestó no es que me hayas mentido sino que, de aquí en adelante, no podré creer en tí.
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El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer, el juguete más peligroso.
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Una conversación entre dos personas son dos monólogos con interrupciones más o menos pacientes.
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El hombre es algo que debe ser superado.
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En los individuos es rara la locura - pero es la regla en los grupos, partidos, pueblos, épocas y por ello los historiadores no han hablado hasta ahora de locura. Pero alguna vez la historia la escribirán los médicos.
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Vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.
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Quien se permite hablar en público tiene el deber, tan pronto modifique sus opiniones, de contradecirse también en público.
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El filósofo tiene hoy el deber de desconfiar, de mirar maliciosamente de reojo desde todos los abismos de la sospecha.
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No es licito querer devolver y restituir lo que el amor da: en el mar del amor debe estar ahogado todo instinto de restitución.
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Mas precisamente para el héroe lo bello es lo más difícil. Inaccesible es la belleza a todas las voluntades impetuosas.
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Y si el río de mi amor se precipita por fragoso terreno, no importa, no hay río que no se abra paso tarde o temprano hacia el mar.
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No alrededor de los inventores de estrépito nuevo, sino en torno de los inventores de valores nuevos gira el mundo, silenciosamente.
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Aspiras a las libres alturas; tu alma anhela alcanzar el mundo de las estrellas. Más también tus malos instintos ansían la libertad.