Cuanto más se eleva un hombre, más pequeño les parece a quienes no saben volar.
Frases célebres de Nietzsche. [Página 5]
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Amo al que adelanta palabras de oro a sus actos y siempre cumple más de lo que ha prometido.
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Los monos son demasiado buenos para que el hombre pueda descender de ellos.
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Cómo podrías renacer sin antes haber quedado reducido a ceniza
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La potencia intelectual de un hombre se mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar.
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La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con que jugaba cuando era niño.
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Pido pues a mi orgullo que siempre vaya del brazo con mi cordura. Y cuando me abandone mi cordura, pues le gusta alzar el vuelo, que mi orgullo vuele siquiera del brazo con mi locura.
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Hay días en que me invade un sentimiento más negro que la más negra melancolía — el desprecio a los hombres. Y para no dejar ninguna duda sobre qué es lo que yo desprecio, sobre quién es el que yo desprecio: es el hombre de hoy, el hombre del que yo soy f
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Sin música la vida sería un error.
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Volví la espalda a los gobernantes al comprobar que ahora llaman gobernar al regateo por el poder con la chusma.
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Qué sabe del amor quien no ha tenido que despreciar precisamente lo que más amaba.
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El pensamiento del suicidio es un poderoso medio de consuelo: con él se logra soportar más de una mala noche.
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Hay espíritus que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas.
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El amor a uno mismo, a la propia vida, al propio destino, a nuestros instintos y pasiones e incluso a nuestros propios errores como formas para conocernos, es lo que se denomina egoísmo.
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Todo pasa y todo vuelve, eternamente gira la rueda del ser. Todo muere, todo reflorece; eternamente se desenrolla el año del ser. Todo se rompe, todo se reajusta; eternamente se edifica la morada del ser
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Un político divide la humanidad en dos clases: los instrumentos y los enemigos
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En mis hijos quiero reparar el ser hijo de mis padres: y en todo el futuro quiero asimismo reparar este presente.
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Lo que tiene precio, poco valor tiene
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Donde no puedas amar, pasa de largo
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El bailarín tiene los oídos en las puntas de los pies