Haría cualquier cosa por recuperar la juventud... excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.
Frases célebres de Oscar Wilde. [Página 4]
Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde, más conocido simplemente como Oscar Wilde, fue un famoso escritor (narrador, poeta y dramaturgo) irlandés.
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Hay que simpatizar siempre con la alegría de la vida, cuanto menos se hable de las llagas de la vida, mejor.
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Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas.
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Hay solamente una cosa en el mundo peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti.
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El alma nace vieja, pero se vuelve joven: ésta es la comedia de la vida. El cuerpo nace joven y se vuelve viejo: ésa es la tragedia de la vida.
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No hay cosa que más se parezca a la inocencia que una indiscreción.
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Los solteros ricos deberían pagar más impuestos. No es justo que unos sean más felices que otros.
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Los hombres cuando son buenos maridos son atrozmente aburridos, y cuando no lo son, resultan de una vanidad abominable
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El cinismo consiste en ver las cosas como realmente son, y no como se quiere que sean.
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El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
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Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
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Lo único que el artista no puede ver es lo obvio. Lo único que el público puede ver es lo obvio. El resultado es la crítica de los periodistas.
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Ningún crimen es vulgar, pero toda vulgaridad es un crimen. La vulgaridad es la conducta de los demás.
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Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
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Los hombres quieren siempre ser el primer amor de una mujer; a las mujeres les gusta ser la última aventura román tica de un hombre.
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El objetivo del mentiroso es sencillamente encantar, deleitar, proporcionar placer. Él es la mismísima base de la sociedad civilizada.
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Puedo resistir todo en la vida, excepto la tentación.
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Los hombres casados son horriblemente aburridos cuando son buenos maridos, y abominablemente presumidos cuando no lo son.
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La buena gente hace un daño enorme. Y por supuesto, el peor daño es conceder tanta importancia a la maldad. Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o aburrida.
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Ser puritano, mojigato o predicador es malo. Ser las tres cosas a la vez me recuerda los peores excesos de la Revolución Francesa.