Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.
Frases célebres de Oscar Wilde. [Página 5]
Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde, más conocido simplemente como Oscar Wilde, fue un famoso escritor (narrador, poeta y dramaturgo) irlandés.
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No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.
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Con la libertad, las flores, los libros y la Luna, ¿quién no sería perfectamente feliz?
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Cualquiera puede hacer historia; pero sólo un gran hombre puede escribirla.
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En el arte como en el amor la ternura es lo que da la fuerza.
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La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.
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La desobediencia es la virtud original del hombre. Mediante la desobediencia y la rebelión se ha realizado el progreso.
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Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón.
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No hay influencia buena; toda influencia es inmoral, inmoral desde el punto de vista científico. Influir sobre una persona es transmitirle nuestra propia alma.
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Todos vivimos en el cieno, pero algunos levantamos los ojos hacia las estrellas
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Preferiría perder a mi mejor amigo antes que a mi peor enemigo. Ya sabe usted que para tener amigos sólo se necesita ser bondadoso; pero cuando a un hombre no le queda un enemigo es que debe de haber en él algo mezquino.
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Sólo hay una clase social que piensa más en el dinero que los ricos: los pobres. Los pobres no piensan en otra cosa.
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La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.
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Como mala persona soy un completo desastre. Hay montones de gente que afirman que no he hecho nada malo en toda mi vida. Por supuesto sólo se atreven a decirlo a mis espaldas.
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La vida imita al arte mucho más que el arte imita a la vida.
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El mundo ha sido hecho por los locos para los cuerdos.
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La sociedad perdona a veces al criminal, pero no perdona nunca al soñador.
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Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable.
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Lo que nos parecen pruebas amargas, son a menudo bendiciones disfrazadas.
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En este mundo sólo hay dos tragedias: una, no conseguir lo que se necesita; otra, conseguirlo. Esta última es la verdadera tragedia.