Un escritor es intrínsicamente incapaz de decir la verdad; por eso llamamos ficción a lo que escribe.
Frases célebres de William Faulkner. [Página 2]
William Faulkner fue un narrador y poeta estadounidense. Su verdadero apellido era Falkner, que cambió por motivos comerciales. En sus obras destacan el drama psicológico y la profundidad emocional, utilizó para ello una larga y serpenteada prosa, además
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Un hombre es la suma de sus desdichas. Se podría creer que la desdicha terminará un día por cansarse, pero entonces es el tiempo el que se convierte en nuestra desdicha.
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Un paisaje se conquista con las suelas del zapato, no con las ruedas del automóvil.
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Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas... lo único que se puede hacer durante ocho horas
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Vivir en cualquier parte del mundo hoy y estar contra la igualdad por motivo de raza o de color es como vivir en Alaska y estar contra la nieve.
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El pecado, el amor y el miedo son sólo los sonidos que las personas que nunca pecaron, ni amaron ni han sentido miedo pronuncian pensando que saben lo que significan esas palabras.
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Este es un país libre. La gente tiene derecho a enviarme cartas, y tengo derecho a no leerlas.
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No fue hasta el Premio Nobel cuando realmente me tuvieron en cuenta. No podían entender mis libros, pero pudieron entender los 30.000 dólares
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Un hombre es la suma de sus propias desgracias. Podría creerse que la desgracia acabará un día por menguar, pero entonces es el tiempo el que se vuelve desgracia.
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Entre el dolor y la nada escogería el dolor.
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Lo más triste del amor es que no sólo no puede durar para siempre, sino que las desesperaciones que causa son también olvidadas pronto.
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Se diría que el hombre puede soportarlo todo. Incluso lo que no ha hecho. Incluso la idea de que no puede soportar más.
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Las mujeres no son más que órganos genitales articulados y dotados de la facultad de gastar todo el dinero del hombre.
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Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
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Hombre pobre, humanidad pobre.
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Un escritor debe enseñarse a sí mismo que la cosa más baja de todas es tener miedo.
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Él que sobre todas las cosas amaba la muerte, y que quizá sólo amaba a la muerte, amó y vivió con deliberada y pervertida curiosidad, tal y como ama un enamorado que deliberadamente se reprime ante el prodigioso cuerpo complaciente, dispuesto y tierno de
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Es la función de todo comandante aquella de hacerse odiar por sus soldados, para que cuando acometan una orden en batalla la ejecuten con todo ese odio que reservan para ti, el odio extremo que les lleva a matar... Pero nunca pude imaginar que se pudiera
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Algunas personas son amables sólo porque no se atreven a ser de otra manera.
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Lo más triste del amor es que no sólo no puede durar siempre, sino que las desesperaciones son también olvidadas pronto