A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia.
La felicidad pertenece a los que se bastan a sí mismos, porque todas las fuentes externas de felicidad y de goce son, según su especie, inseguras, defectuosas, pasajeras y sometidas a la casualidad.
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Bajo el imperio de un interés amoroso, desaparece todo peligro y hasta el ser más pusilánime encuentra valor.
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Cada partida es una anticipación de la muerte y cada encuentro una anticipación de la resurrección.
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De vez en cuando se aprende algo, pero se olvida el día entero.