La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.
Frases célebres sobre: ando. [Página 301]
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La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos.
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Puedes ser invencible si nunca emprendes combate de cuyo éxito no estés seguro, y sólo cuando sepas que está en tu mano la victoria.
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De no hablar sino cuando fuere preciso, raramente despegaríamos los labios
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Trázate tal norma de vida que puedas seguirla lo mismo cuando estás solo que en compañía
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No es negando la belleza como se sustrae el hombre a sus encantos; el mérito está en resistir reconociéndola
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Si puedes enriquecerte conservando el honor, la buena fe, la magnanimidad, no lo excuses; pero teme perder los verdaderos bienes por adquirir los falsos
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Cuando los placeres se exageran, truécanse en dolor
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Cuando llegue mi hora de morir, moriré; pero sabré dar la vida como un hombre al que no le duele devolver el préstamo que le han hecho
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Puedes ser invencible si nunca emprendes combate de cuyo regreso no estés seguro y sólo cuando sepas que está en tu mano la victoria.
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Cuando estés de noche en tu alcoba, aun cuando tengas las puertas y ventanas cerradas y apagada la luz, no digas que estás solo: nunca se está solo
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La vida es tan corta y el oficio de vivir tana dificil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse.
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¿Qué máscara nos ponemos o que máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca?
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No hay otra manera de alcanzar la eternidad que ahondando en el instante.
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Solamente somos verdaderamente libres cuando ya no tenemos una meta en la vida
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Los horrores son soportables mientras se trate sólo de sufrirlos, pero matan cuando se reflexiona sobre ellos
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Cuando era joven, me decían: Ya verás cuando tengas cincuenta años. Tengo cincuenta años, y no he visto nada.
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Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre.
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La mujer pierde su virginidad cuando quiere, y el hombre cuando puede.
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De todas las desesperaciones, la de la muerte tiene que ser la peor ella y el miedo a morir, cruz y raya cuando ya se puede pronosticar el día y la hora