Aun siendo brillante, efímero, inaccesible tu recuerdo, como el de ambos astros basta para iluminar ausente toda esta sombra que me envuelve.
Frases célebres sobre: ant. [Página 381]
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En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta; Su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
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Sólo nubes con nubes, siempre nubes más allá de otras nubes semejantes, sin palabras, sin voces, sin decir, sin saber; últimas soledades que no aguardan mañana.
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Creo en el mundo, creo en ti que no conozco aún, creo en mí mismo, porque algún día yo seré todas las cosas que amo: el aire, el agua, las plantas, el adolescente.
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Ahora hace falta recoger los trozos de prudencia, aunque siempre nos falte alguno; recoger la vida vacía y caminar esperando que lentamente se llene, si es posible otra vez, como antes, de sueños desconocidos y deseos invisibles.
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Y mi vida es ahora un hombre melancólico sin saber otra cosa que su llanto.
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Cuanto más dinero entra, más inestable te sientes, porque tienes miedo de perderlo.
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¿Preguntadme el por qué de este quebranto? Responderlo no sé...Tal vez sería sólo porque os miré, dulce señora.
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Lástima fuera, mi preciosa dama, que Amor sembrara en vos tantos primores si vuestra privación los vuelve abrojos.
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Porque hermosura tanta en vos ve el mundo que no le asombra el ver que quien os hizo es el autor del cielo y las estrellas.
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Transformase el que ama en cosa amada por obra y gracia de alta fantasía; después el corazón ya nada ansía, pues lleva en sí la parte deseada.
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Tomad las riendas del imperio vuestro y dad materia á nuevo y mayor canto: y empiecen á sentir el duro peso que por el mundo todo cause espanto de ejércitos y hazañas singulares, de África tierras y de oriente mares.
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Galatea lo diga, salteada. Más agradable, menos zahareña, al mancebo levanta venturoso, dulce ya concediéndole y risueña paces no al sueño, treguas sí al reposo, lo cóncavo hacia de una peña a un fresco sitial dosel umbroso, y verdes celosías unas hiedras
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El futuro es apasionante, las nuevas tecnología permiten escuchar miles de emisoras con una nitidez asombrosa
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Yo no comulgo con el tipo de radio que hace Jiménez Losantos
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Argos es siempre atento a su semblante, lince penetrador de lo que piensa, cíñalo bronce o mírelo diamante, que en sus paladiones amor ciego, sin romper muros introduce fuego.
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Ya no canto, madre, y si canto yo, muy tristes endechas mis canciones son; porque el que se fue, con lo que llevó, se dejó el silencio, y llevó la voz.
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Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
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¿A qué piensas, barquilla, pobre ya cuna de mi edad primera, que cisne te conduzco a esta ribera? A cantar dulce, y a morirme luego. si te perdona el fuego que mis huesos vinculan, en su orilla, tumba te bese el mar, vuelta la quilla.
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Desnudo el joven, cuanto ya el vestido océano ha bebido restituir le hace a las arenas.