En Madrid, jamás llegué a pisar la calle, porque cada vez que aparecía en la puerta del Hotel Ritz, una legión de caballeros arrojaban sus capas al suelo para que caminara sobre ellas, poniendo ante mí una alfombra que nunca se acababa.
Frases célebres sobre: bra. [Página 36]
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Cobraba 10.000 francos diarios en el Olympia de París, vivía en un palacete y en los mejores hoteles del mundo.
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Grítame con los ojos que veré algo nuevo.. que tras el abismo al que me arrojo, están tus brazos abiertos.
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No puede haber ninguna duda que desconfiar de las palabras es menos nocivo que la confianza injustificada en ellas. Además, desconfiar de las palabras, y acusarlas de los horrores que podrían hibernar discretamente dentro de ellas - ¿no es esto, después d
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La verdad es que vivo en un sistema en el que las palabras son capaces de sacudir toda la estructura del gobierno, donde las palabras pueden ser más poderosas que diez divisiones militares.
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Si deseas ver tus obras representadas de la forma en que las escribiste, conviértete en presidente.
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Totalitarismo es la nueva palabra que hemos adoptado para describir las inesperadas pero inseparables manifestaciones de lo que en teoría llamamos socialismo.
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Debemos obrar, no para ir contra el destino, sino para ir delante de él.
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En arte, el hijo instruye al padre; la obra, al maestro.
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Hay velas que lo alumbran todo, menos su propio candelabro.
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Sólo por el amor puede el hombre librarse de sí mismo.
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Y me dirijo a los falangistas que cuidan de las investigaciones políticas y policiales en las ciudades, y sobre todo en los pueblos. Vuestra misión ha de ser obra de depuración contra los jefes cabecillas y asesinos. Pero impedid, con toda energía, que na
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Cuando la filosofía pinta el claroscuro, ya un aspecto de la vida ha envejecido y en la penumbra no se le puede rejuvenecer, sino solo reconocer: la lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.
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El Dios del pueblo judío es solamente el Dios de Abraham y de su descendencia. La individualidad nacional y un culto local particular van unidos a la representación de ese Dios.
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El hábito de obrar según una voluntad universal y proponerse por fin un fin universal es lo que prevalece en el Estado.
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El sello del alto destino absoluto del hombre es que sabe lo que es bueno y malo, que es suya la voluntad del bien o del mal; en una palabra: que puede tener culpa no sólo del mal, sino también del bien,...
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En cada caso particular, los hombres persiguen sus fines particulares contra el derecho universal; obran libremente.
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La razón aprehendida es su determinación, es la cosa. Lo demás - sí permanecemos en la razón en general- son meras palabras.
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La razón ve, en lo que nace y perece, la obra que ha brotado del trabajo universal del género humano, una obra que existe realmente en el mundo a que nosotros pertenecemos.
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Las leyes y los principios no viven ni prevalecen inmediatamente por sí mismos. La actividad que los pone por obra y les da existencia son las necesidades y los impulsos del hombre, como asimismo sus inclinaciones y pasiones.