En la naturaleza no hay recompensas o castigos; hay consecuencias
Frases célebres sobre: cas. [Página 148]
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El único propósito del castigo es la prevención del mal; nunca impulsará a nadie al bien.
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Nuestra caridad comienza en nuestra propia casa, y casi siempre termina donde comienza
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Si el cielo me cierra el corazón de mi padre, paga con creces mis escasos méritos con el amor de mi madre.
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¿Acaso puedo ocultar mi pensamiento a la mujer a la que más respeto, de la que no he recibido sino ternura y toda la bondad del mundo, a la mejor de las madres?
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¡Cómo! ¿Creéis acaso, encantadora doncella, que aceptaré salvar mi vida atrayendo calamidades sobre la vuestra? Antes soportaría mil muertes.
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Prosa dura y magnífica de las calles de la ciudad sin inquietudes estéticas. Por ellas se va con la policía a la felicidad.
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No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
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La lengua es la casa de la verdad del ser
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De la misma manera debemos soportar la autoridad del príncipe. Si usa mal su autoridad o abusa de ella, no debemos albergar resentimiento, ni buscar venganza ni castigo
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El único propósito del castigo es la prevención del mal; nunca debe ser impulsivo el bien.
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El objeto del castigo es la prevención del mal; nunca impulsará a nadie al bien.
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¡Oh, Dios! ¿Acaso dudáis de que es mi hijo? ¿Podría experimentar esta angustia si no fuera su padre? ¡Salvadlo, buen príncipe, salvadlo, y haced conmigo lo que queráis!
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Te interesa personalmente si la casa de tu vecino está ardiendo
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Ningún hombre debe casarse hasta haber estudiado anatomía y haber hecho la disección por lo menos de una mujer.
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El encono de ciertas mujeres contra las que tienen la desgracia de amar es una prueba del daño que hace, interiormente, la castidad.
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Todas las tonterías estereotipadas para uso de los enamorados, que las usan sin variar en cada caso, parecen siempre encantadoras a las mujeres, y solamente leídas con frialdad pueden parecer pobres de ingenio. El gesto, el acento, la mirada de un joven l
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Disputan los gramáticos y hasta ahora el caso está sin decidir.
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En alguna ocasión incluso Homero se duerme.
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El populacho puede silbarme, pero cuando voy a mi casa y pienso en mi dinero me aplaudo a mí mismo.