Hasta entonces indiferente a lo que pasaba en torno suyo, ahora parecía participar de la vida, de todo lo que la rodeaba; pasaba horas enteras contemplando el cielo, como si recién ahora hubiese descubierto que era azul y bello, que el sol lo iluminada de
Frases célebres sobre: ciel. [Página 26]
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Mares y cielos de mi sangre tuya navegamos los dos. No me despiertes. No te despiertes, no, sueña la vida.
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En todo lo que hay sobre la tierra y sobre el cielo nada le puede turbar, debe hallarse en tal paz que si el cielo y la tierra se hallarán invertidos, encontraría paz en Dios.
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En nuestros cuerpos, un cielo abraza a una tierra, y toda tú eres tu noche... una noche que resplandece como la tinta de los astros.
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¿Porqué no podemos ir al cielo en lugar de otras personas?
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La mente tiene su propia función, y en ella puede hacerse del infierno un cielo, o del cielo un infierno.
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El espíritu lleva en sí mismo su propia morada y puede llegar en sí mismo a hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo.
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Es mejor reinar en el infierno que servir en el cielo.
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El cielo está agradecido, vivimos en una época en la que nadie muere de amor, excepto en escena.
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No creas que, aunque el hombre no existiese, carecería el cielo de espectadores, y dios de alabanzas; mientras velamos, mientras dormimos, millones de criaturas espirituales marchan invisibles por el mundo.
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No hay que amar la vida, ni odiarla; pero la que vivas, vívela bien, y deja que el cielo te la haga larga o corta
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Ni ames tu vida ni la odies; pero el tiempo que vivas, largo o corto, cuanto el cielo te permita, vívelo bien.
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Más vale reinar en el Infierno, que servir en el Cielo.
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No hay sitio bajo el cielo más dulce que el hogar.
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A quien en la ciudad estuvo largo tiempo confinado, le es dulce contemplar la serena y abierta faz del cielo, exhalar su plegaria hacia la gran sonrisa del azul.
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Tampoco le importa que el mundo sea, o el universo, o el cielo o el infierno. Pero le gustaban las mujeres.
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El amor es una gota celeste que los cielos han vertido en el cáliz de la vida para corregir su amargura
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El corazón del hombre es como el horizonte: una parte del cielo; pero, como el horizonte, cambia noche y día
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El cielo es alto, la tierra ancha. Amarga entre ellas vuela mi pena.
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Las piezas del jardín eran manojos de jazmines y yo tatuada en mí tu barco divisé tu barco o elevación de vos o pensamiento en algún punto izado el cielo como matriz inversa... ¿Gravitarán las olas en tu cuerpo, siendo el deseo depresión en el montículo d