La Muerte, que es muy ágil, dió un brinco y se montó en una horqueta del aguacatillo; se echó la desjarretadera al hombro y se puso a divisar. ¡Dáte descanso, viejita, hasta qui a yo me dé la gana -le dijo Peralta- que ni Cristo, con toda su pionada, te b
Frases célebres sobre: cri. [Página 77]
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Me crié pastando cabras, no bien aprendí a caminar. Desde que nací mi mamá empezó a llevarme en su espalda y así crecí encima de ella escuchando sus coplas. Y mi padre cantaba acompañado por la guitarra. Por eso salí cantor
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El que no es discriminado no se da cuenta, pero yo lo sufrí. A lo mejor no lo hacen a propósito, pero se siente; tanto del lustrabotas como del banquero, el trato que uno recibe siempre es distinto, está entre el desprecio y la indiferencia. Y eso va prod
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Lo que existe es el discurso. Pero el discurso en sí mismo no es nada, está al servicio del cuerpo. La escritura es solidaria con la vida amorosa. Incita a ir más lejos. Y además, la escritura es la libertad infinita: igual que los niños que juegan a ser
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Al niño, privado de toda autonomía social, de toda relación espontánea con el otro, reducido, sometido, conformado con un padre, una madre, una televisión idiotizante y una escuela alienante, se le proporciona una iniciación que le describe la sexualidad
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El paraíso de los cristianos sería un infierno para mí. Por eso, si su insoportable dios existe, me condenará a permanecer junto a él.
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Si un perro caga en el sitio adecuado de la acera adecuada, mil suelas al día plebiscitan su mierda. El sueño de todos los escritores.
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En literatura hay catarsis cuando la penosa realidad que pinta el escritor es transfigurada por la felicidad de la expresión. Virus debilitado equivale a vacuna. La belleza formal atrapa y extirpa la causa misma del sufrimiento que el tema de la obra habí
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En la Edad Media y hasta el siglo XV, la sodomía era llamada le délit de l'épine*. Poco importaban el sexo y la edad de aquella espalda: la Iglesia sólo iba tras los ojetes, esos diablos. El sacrilegio era hacer el amor por el lado contrario del cuerpo.
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Están reformando el Código penal. Es triste pensar que, por el juego de las bajezas parlamentarias, se parecerá a las ideas recibidas y a los valores timoratos de la Francia que vota. Un decálogo de la mediocridad.
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Es un error reprochar siempre a los escritores de éxito su conformismo extático, su putería flemática, su color de purín. Después de todo, no son más que una élite, para diez millones de lectoras y de lectores insaciables. Así que paz a los cagadores de n
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¿Escribimos para los demás o para nosotros mismos? La vieja pregunta es graciosa. Cuando yo escribo, tengo la impresión de que cien mil personas —que me desean todo el bien y todo el mal que hay en el mundo— espían por encima de mi hombro, dictan, evalúan
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La caridad cristiana saca a un ahogado del agua con una cuerda que le ata al cuello. Después lo cuelga a la rama de un árbol, para que se seque bien. Éste se muere, pero aquella se pavonea riendo ahogadamente: lo he rescatado del río.
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Una manera de demostrar la impostura de los literatos, críticos, escritores, profesores, glosadores, descubridores culturales de cualquier corrillo, de cualquier salón, de cualquier bar de esquina, es tomárselos al pie de la letra y actuar conforme a lo q
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Los escritores caminan hacia el silencio, renuncian a expresarse, a comunicar. ¿Consideran demasiado engañoso el decir, el creer, el hacer creer? Todo progreso intelectual nos hace más capacitados para crear, pero más reticentes a hacerlo. Alcanzamos la a
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¿Venenoso? No más que un naturalista que describe a los escorpiones: el veneno está en su cola, no en la pluma de él.
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Escribir es una labor que los niños realizan con una seriedad y una paciencia que me elevan. De repente, ese pequeño loco de la velocidad y de los vehículos de dos ruedas frena ferozmente, quita su sirena de alarma, aparca ante una postal y se hunde hasta
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No se ha ‘escribido’ aún la historia.
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Yo escribo porque no tengo dinero ni donde sacarlo para vestirme yo y mantener a mis viejos padres para recuperarles en parte con estos leves alivios los días de la vida que les quité con mis inobedientes travesuras.
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La prontitud devota de nuestro espíritu y crianza, la poca detención en el conocimiento de nuestra máquina corporal y la mucha miseria de nuestra filosofía, nos arroja a empujar hacia la banda de los milagros infinitos sucesos que tienen su derivación de