La economía se encarga de estudiar los procesos de producción, conmutaciónintercambio; más no negociación; distribución y consumo de bienes y servicios, entendidos estos como medios de satisfacción de necesidades humanas y resultado individual y colectivo
Frases célebres sobre: dad. [Página 565]
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Los que obran bien son los únicos que pueden aspirar en la vida a la felicidad.
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Si los ciudadanos practicasen entre sí la amistad, no tendrían necesidad de la justicia.
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La verdadera felicidad consiste en hacer el bien.
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La recompensa del mentiroso es no ser creído aun cuando diga la verdad.
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La conservación de una ciudad se encuentra en sus leyes.
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Parece, pues, que la felicidad es algo perfecto y suficiente, ya que es el fin de los actos.
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Por esto se discute también si la felicidad es algo que puede aprenderse o adquirirse por costumbre o si sobreviene por algún destino.
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Pues la felicidad requiere, una virtud perfecta y una vida entera.
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¿Cómo no será absurdo que cuando uno es feliz no se reconozca con verdad la felicidad que posee por no querer declarar felices a los que viven, a causa de las mudanzas de las cosas y por entender la felicidad, mientras las vicisitudes de la fortuna giran
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Si sobrevienen males, oprimen y corrompen la felicidad, porque traen aflicciones; sin embargo, también en estos resplandece la nobleza.
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Que nadie elogia a la felicidad... Por eso dicen que en la mitad de la vida en nada se diferencian los felices de los desgraciados.
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El amor o el odio hacen que el juez no conozca la verdad.
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Decir uno de sí mismo menos bien de lo que puede y debe es necedad y no modestia; contentarse uno con menos de lo que vale es cobardía y pusilanimidad.
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El arbitro considera la equidad, el juez la ley.
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En la poesía hay más verdad que en la historia.
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La ciudad... surgió por causa de las necesidades de la vida, pero existe ahora para vivir bien.
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La ciudad es por naturaleza anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte.
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Ahora bien, si lo incorruptible y lo ingenerable no se implican mutuamente, no habrá ninguna necesidad de que lo ingenerable ni lo incorruptible sean eternos.
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Así pues, la afirmación de que la definición de la forma sin la materia es distinta de la definición de la forma en la materia es correcta; admítase, pues, como verdadero.