Qué será de vos Guatemala a mil años de aquí pero no digamos tanto a ciento y pico qué será de tus huesos.
Frases célebres sobre: diga. [Página 11]
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Todo lo que quiero es que me caven un hoyo y que mi tumba diga: aquí cayó un loco del ajedrez. No jugaba bien, pero le gustaba jugar. Nunca pudo enfrentarse a un campeón. Murió como vivió: esperando.
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A Riquelme le vi hacer cosas increíbles con el balón. Tiene talento y es un líder. Y que no digan tonterías, que es lento y esas cosas; todo Brasil se quedó alucinado cuando se enfrentó al Palmeiras en la Copa Libertadores. Sólo un fenómeno hace lo que él
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Pinté con cariño, pinto con cariño y pintare con cariño...Y espero que alguien diga cuando falte: pintó con cariño.
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Lo que quieras que otros no digan, tú lo has de callar primero.
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Lo que no quieras que no sepan muchos no lo digas a nadie.
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Preocupáos de lo que el Señor podrá pensar de vosotros y no de aquello que, ya sea en bien, ya sea en mal, digan de vosotros los hombres
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Escucha a tu voz interior y sigue adelante, aún cuando las personas te digan que no puedes hacerlo.
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Olvidémonos de los aspectos de dentro y fuera. Los agricultores de todas las partes del mundo son en el fondo los mismos agricultores. Digamos que la llave de la paz se encuentra cerca de la tierra.
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La superstición, la idolatría, y la hipocresía tienen grandes pagas, pero la verdad tiene que mendigar
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Y la vida es eterna, aunque yo no lo diga. Y la vida es lo que soy, en el llanto o el gozo. Y la vida es cualquiera instante que se siga.
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La superstición, la idolatría y la hipocresía cuentan con grandes salarios, la verdad es mendiga.
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Cualquiera que diga que puede ver a través de las mujeres se está perdiendo un montón de cosas.
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Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.
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Entre mendigar y pedir prestado, no hay mucha diferencia.
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Ya no me digan tonterías Quiero vivir mi propia vida.
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¿No es ello la causa de todas nuestras revoluciones? Porque entre el Estado, que prodiga promesas imposibles, y el público, quien ha concebido esperanzas irrealizables, se vienen a interponer dos clases de hombres: los ambiciosos y los utópicos.
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Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: que nos sitúe de tal modo que la podamos descubrir nosotros mismos
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La consideración de los otros se gana prodigando la nuestra
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Quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: simplemente que aluda a ella con un leve gesto, gesto que inicie en el aire una ideal trayectoria, deslizándonos por la cual lleguemos nosotros mismos a los pies de la nueva verdad.