He aquí Dios, más fuerte que yo, que viniendo me dominará
Frases célebres sobre: dio. [Página 249]
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Es preciso observar bien esto: en nuestros tiempos el suicidio es un modo de desaparecer, se comete tímidamente, silenciosamente, chatamente. No es ya un hacer, es un padecer.
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La dificultad de cometer suicidio está en esto: es un acto de ambición que se puede cometer sólo cuando se haya superado toda ambición.
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Con amor o con odio, pero siempre con violencia.
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Parece un absurdo que las leyes, esto es, la expresión de la voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, lo cometan ellas mismas, y para separar a los ciudadanos del intento de asesinar ordenen un público asesinato.
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Me parece absurdo que las leyes, que son expresión de la voluntad pública, que detestan y castigan el homicidio, cometan ellas mismas también uno, ordenando un homicidio público para alejar a los ciudadanos del asesinato.
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Si a la bella se suma la discreta, y nuestra vista bebe su dulzura colmando el corazón de ansia secreta, del amor al asedio que perdura pidiendo estadio la beldad nos reta como bravo adalid en su armadura
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Envejecer es todavía el único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo.
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La gente que cree en la política es como la gente que cree en Dios: soban aire con pajitas torcidas.
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Se empieza a salvar el mundo salvando a un hombre por vez; todo lo demás es romanticismo grandioso o política.
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Por simple sentido común no creo en Dios, en ninguno.
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¿Viejas las cosas de Dios? Dios nace cada hora.
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Los pájaros son clarines entre los cañaverales que le dan los buenos días al sol de Dios cuando sale.
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Se abren espacios en el medio de la jungla, son nuestras voces que se escuchan, juntas.
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Todos los que dicen que mi vida es dudosa porque no hago como todos las cosas. Dios mío, como pierden el tiempo hablando de más.
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El mejor remedio contra todos los males es el trabajo
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No hay más que dos medios para librarse de la pesadilla del paso implacable del tiempo: el placer y el trabajo. El placer agota y el trabajo fortifica
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Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche.
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El corazón respira apenas ante el milagro repentino de tu presencia. Los ojos quisieran guardar para siempre el color de incendio de tus ojos, el resplandor de tu mirada, el exacto volumen de tu cuerpo, y devorarte y envolverte y guardarte ajeno a todas l
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Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.