Si un día para mi mal viene a buscarme la parca... Empujad al mar mi barca con un levante otoñal y dejad que el temporal desguace sus alas blancas y a mí enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo. Mi cuerpo será camino, le daré verde a los pinos y a
Frases célebres sobre: due. [Página 21]
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Sólo el ser viejo ya es un motivo que debe ejercitar nuestro respeto. Las canas revisten a sus dueños de cierta autoridad sobre los mozos.
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La gente tiene más temor a la muerte que al dolor. Es extraño que teman a la muerte. La vida duele mucho más que la muerte. Cuando la muerte llega, el dolor termina
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Sólo es en los brazos del goce que tranquilamente duerme la moral.
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Dice que sólo duerme con extraños, que ellos así reservan para ella sus más limpios manteles y su mejor sonrisa.
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Todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan.
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... con el correr de los años todo se dispersó y se perdió como todo cuanto el hombre posee durante un breve lapso y cree ser dueño.
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Dices que tenemos libre albedrío, pero también aseguras que uno no tiene más que concentrar su voluntad sobre un objetivo para conseguirlo. Ahí hay una contradicción. Si no soy dueño y señor de mi voluntad, tampoco puedo concentrarla libremente sobre esto
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En Rusia, ella abría las piernas por un trozo de pan, decía la gente después de la guerra. Windisch pensaba entonces: Es bonita, y el hambre duele.
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Desdichado el que duerme en el mañana.
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El hombre que me da trabajo, al que tengo que sufrir, este hombre es mi dueño, llámelo como lo llame.
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No sabes lo que me duele lo que me estas contando de Esperanto
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Temes a la imaginación. Y a los sueños más aún. Temes a la responsabilidad que puede derivarse de ellos. Pero no puedes evitar dormir. Y si duermes, sueñas. Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay maner
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Bajo la viva luna duermo con un moribundo.
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El niño duerme frente a las olas de verano en el cochecito.
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Dime que no me conformarás nunca, ni me darás la felicidad de la resignación, sino la felicidad que duele de los elegidos, los que pueden abarcar el mar y el cielo con sus ojos y llevar el Universo dentro de sus cuerpos.
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No se conoce a Albéniz si se prescinde del duende de su ritmo. Y no se puede interpretar a Albéniz si no se conoce a fondo la humanidad, el orgullo, la pasionalidad, el dolor del pueblo español.
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El que tiene el valor de reír es dueño del mundo.
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No es suficiente que el escritor sea dueño de su estilo. Es importante que el estilo sea dueño de las cosas.
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Los que se revolvieron contra las primeras invasiones de la maquinaria industrial tenían razón: quizá no en pensar que reducirían el número de trabajadores, pero si en pensar que reducirían el número de los dueños.