La manera en que una sociedad organiza la vida de sus miembros implica una elección inicial entre las alternativas históricas que están determinadas por el nivel heredado de la cultura material e intelectual. La elección es el resultado del juego de los i
Frases célebres sobre: edad. [Página 111]
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La sociedad existe para el beneficio de sus miembros, no los miembros para beneficio de la sociedad
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La enfermedad hace agradable la salud; el hambre la saciedad; la fatiga el reposo.
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El parecer de uno, enfermedad sagrada.
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Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe.
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El hombre más fuerte es el que resiste la soledad
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He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira.
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Las verdaderas columnas de la sociedad son la verdad y la libertad.
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Un fascista es uno cuyo anhelo para el dinero o el poder se combina con tal intensidad de intolerancia hacia los de otras razas, partidos, clases, religiones, culturas, regiones o naciones que lo hace despiadado en la práctica de la falsedad o de la viole
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El fascismo es una enfermedad mundial. Su amenaza más grande para los Estados Unidos vendrá después de la guerra, vía América latina o dentro de los Estados Unidos mismos
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Las grandes riquezas se amasan con infamias; las pequeñas, con suciedades.
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¡Hombre! Entender, entender... ¿A qué llama usted entender? Oiga: la sociedad es como un navío, y cada cual tiene que participar en la dirección del timón, según sus fuerzas.
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Doctor Stockmann: Luego, en una sociedad libre, ¿es inútil tener la razón de parte de uno? ¿Acaso no están a mi lado la prensa independiente y liberal, la mayoría compacta? Ellas implican un poder.
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La sociedad viene a ser como un navío y todo el mundo debe contribuír a la buena dirección de su timón
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Nuestra sociedad es masculina, y hasta que no entre en ella la mujer no será humana.
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Si me hubiese quedado tranquilo en mi casa en vez de irme a sufrir por el mundo, ¡no me habría ahorrado pocas penas y pocos zapatos!
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Temen algunas mujeres la soledad de la viudez. No supieron ver que su vida tampoco fue descifrada por el marido. Y que la verdadera serenidad viene casi siempre del monólogo
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De todas las propiedades que pertenecen a los hombres de honor, nada es tan preciada como el carácter.
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En mi casa tengo tres sillas; una para la soledad, otra para la amistad, y una tercera para la sociedad
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Jamás hallé compañero más sociable que la soledad.