El automóvil más bello es el que todavía nos queda por hacer.
Frases célebres sobre: ell. [Página 203]
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La victoria más bella es siempre la próxima
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Los autos son como las reinas de belleza, se marchitan enseguida
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El barrio duerme tranquilo y un hombre en el fuelle traduce su pena y se oye en la noche tan tibia y serena un solo muy triste de su bandoneón.
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Pensar que fui el estudiante soñador y tú la humilde y bella flor que perfumaba mi sentir.
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Tango querido de ayer, qué ventarrón te alejó. Junto con ella te has ido y hoy la trae tu evocación.
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Te amé de veras, flor de pecado, como a ninguna mujer amé. Dios es testigo que hasta he llorado la noche aquella que no te hallé.
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Las mujeres necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que nosotras amemos a los hombres.
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Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.
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Para describir el cielo, no es necesario transportar hasta él los materiales de la tierra. Es necesario dejar la tierra, sus materiales, allí donde están, a fin de embellecer la vida con su ideal.
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El mejor cosmético para la belleza es la felicidad
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Lo bueno necesita aportar pruebas; lo bello no. El mejor cosmético para la belleza es la felicidad.
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El bello ideal de la caridad es que no hay dolores; el de la beneficencia, que no se vean
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El bello ideal de la caridad es que no haya dolor; el de la beneficencia es que no se vea.
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Se dicen cosas sólidas cuando no se procura decir con ellas cosas extraordinarias.
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La generosidad disfruta de las felicidades ajenas, como si fuera responsable de ellas.
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Sólo puede juzgarse la belleza de la vida por la de la muerte.
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Hay que saber arrancar bellezas literarias hasta en el seno de la muerte, pero esas bellezas no pertenecen a la muerte. La muerte no es más que la causa ocasional.
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Bien sé que soy mortal, una criatura de un día. Pero si mi mente observa los serpenteantes caminos de las estrellas, entonces mis pies ya no pisan la Tierra, sino que al lado de Zeus mismo me lleno con ambrosía, el divino manjar.
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Cuando uno examina su propia interioridad y comprueba que no hay en ella nada malo, ¿por qué habría de ser triste, qué tiene que temer?