El cazador ha de ir siempre un poco hambriento, pues el hambre agudiza los sentidos.
Frases célebres sobre: emp. [Página 221]
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En la mujer no busco satisfacer el instinto sexual, eso siempre lo encuentro.
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Los primeros sentimientos son siempre los más naturales.
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Si nos bastase ser felices, la cosa sería facilísima; pero nosotros queremos ser más felices que los demás, y esto es casi siempre imposible, porque creemos que los demás son bastante más felices de lo que son en realidad.
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Cuando un gobierno dura mucho tiempo se descompone poco a poco y sin notarlo.
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Los colonos se empeñaban en construir la obra maestra del hombre civilizado: el desierto.
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A partir de ese momento, nunca volvió a comportarse de una forma tan violenta pero su mente quedó trastornada para siempre. Parecía como si se hubiera transformado en la de una demente. El doctor aseguró que no había ninguna esperanza de recuperación. Se
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El ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer.
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Los imperios son un anacronismo. No pueden durar. Más tarde o más temprano tendrán que dividirse, humanizarse, dar tiempo y oportunidad a las tribus que forjaron su riqueza inicialmente. Esto no se puede hacer de la noche a la mañana, pero es necesario mo
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Morimos sólo una vez, pero durante mucho tiempo.
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Los errores más pequeños son siempre los mejores.
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Sólo se muere una vez, ¡pero por tan largo tiempo!
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La verdad en un tiempo es error en otro.
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El lujo está siempre en proporción con el desnivel de las fortunas.
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Queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad.
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Cuando los hombres prometen a una mujer que la amarán siempre suponen a su vez que ellas les promenten ser siempre amables; si ella falta a su palabra, ellos no se creen obligados por la suya.
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¿Hay nada tan seguro, decidido, desdeñoso, contemplativo, grave, serio, como el asno?
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La verdad en un tiempo es un error en otro y viceversa.
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Cuando uno busca tan extremadamente los medios de hacerse temer, encuentra antes siempre el medio de hacerse odiar
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Ante un hombre envidioso, alabo siempre a los que le hacen palidecer