Así como un día bien empleado nos procura un buen sueño, una vida bien vivida nos proporciona una muerte tranquila
Frases célebres sobre: emp. [Página 351]
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Por desgracia, el deber no coincide siempre con el interés
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Es siempre absolutamente imprescindible saber distinguir lo que es posible de lo que no lo es
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Para morir de amor hay que tener tiempo
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Hay que resistir siempre. nunca se es vencido del todo
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La vida es una lucha contra el tiempo
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Lo único importante es la conversación para obtener una cosa de otro, es tenacidad, voluntad y hablar, machacar. Siempre sucumbe el más débil.
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El horizonte es negro, la tempestad amenaza; trabajemos. Este es el único remedio para el mal del siglo.
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Un matrimonio feliz, es una larga conversación que siempre parece demasiado corta.
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No siempre es la multitud la poseedora de la verdad absoluta.
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Un matrimonio feliz es una larga conversación que parece siempre demasiado breve
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Los enamorados creen siempre, y por error, que su amor ha nacido gracias al encuentro de un ser excepcional. La razón es más bien que el amor preexistente busca su objeto en el mundo y, si no lo encuentra, lo crea.
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Comprar títulos, acciones de empresas, tomarse unas pastillas para dormir durante veinte o treinta años y cuando uno despierta, voilà! es millonario
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Todas las cosas son ya dichas; pero como nadie escucha, hay que volver a empezar siempre
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Una mujer no comienza a mostrar su edad hasta que empieza a ocultarla.
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Por supuesto, habrá siempre los que miran solamente la técnica, que pidan el cómo, mientras que otros de una naturaleza más curiosa se preguntarán porqué. Personalmente, he preferido siempre la inspiración a la información
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Yo también pienso en mí cuando te sueño y robo al tiempo todas mis edades para poblar mis íntimas moradas y acompañarte siempre, siempre, siempre
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Hasta entonces indiferente a lo que pasaba en torno suyo, ahora parecía participar de la vida, de todo lo que la rodeaba; pasaba horas enteras contemplando el cielo, como si recién ahora hubiese descubierto que era azul y bello, que el sol lo iluminada de
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Pero también no digo sino aquello que sé, o sea, aquello que oigo; los otros pierden su tiempo en ver y oír; yo como no puedo más que oír, empleo en hablar lo que lo demás emplean en ver; hablo y hablo mucho; pero qué quiere si me sobra tiempo para eso; y
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Los alguaciles de hoy no son más que la sombra caricaturesca de los alguaciles del tiempo del rey; esa era gente temible y temida, respetable y respetada; formaban uno de los extremos de la formidable cadena judicial que envolvía a todo Río de Janeiro en