Tu nombre es una campana de oro que pende en mi corazón. Me rompería en pedazos si te llamara una sola vez por tu nombre.
Frases célebres sobre: end. [Página 320]
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Entonces, ¿Para qué sirve la magia? Rugió el príncipe Lír. ¿De qué vale toda esa hechicería, si no puede salvar a un unicornio? continuó, y se agarró con fuerza al hombro del mago para no caer. Para eso están los héroes dijo Schmendrick.
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Todos aprenden por experiencia, pero algunos de nosotros tenemos que ir a la escuela de verano.
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Las ilusiones perdidas son hojas, desprendidas del árbol del corazón.
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¿Quién pensara jamás llegase un día en que, perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causara enojo?
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Que hoy su triste cárcel quiebran libres los diablos en fin, y con música y estruendo los condenados celebran, juntos cantando y bebiendo, un diabólico festín.
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La idea tiene corto alcance, se gasta. En cambio, dos manzanas de Cézanne o un retrato de Rembrandt, como idea, son nada. Sin embargo, tienen algo más profundo que los hace trascendentes y permanentes.
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Quienes necesitan matar algo para poder subsistir se desarrollan como criminales. Hasta ahora habían importado tendencias, cuando éstas se acabaron importaron la muerte continuando con la misma actitud de los plagiadores que los antecedieron. Es como deci
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Cuando la patria esta en peligro, todo esta permitido, excepto, no defenderla.
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La democracia es un sistema de gobierno que no se presta a definiciones precisas porque en cuanto se pretende definirlo o no se dice gran cosa o se acaba por decir demasiado.
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El puro beso del alegre niño que en torno de sus padres juguetea, prenda de amor, emblema del cariño en que el alma gozosa se recrea.
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Con libertad no ofendo ni temo.
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No venderé el rico patrimonio de los orientales, al bajo precio de la necesidad
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A la empresa compatriotas, que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra; y tiemblen, tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del sud, están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con
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Porque la claridad, al descender en giros de canción, enciende una alegría de mujer en el espejo gris del corazón.
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Gracias le doy a la Virgen, gracias le doy al Señor, porque entre tanto rigor y habiendo perdido tanto, no perdí mi amor al canto ni mi voz como cantor.
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Y veo a los jóvenes corriendo sin parar por la vía franca, rumbo a la felicidad...
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La gente llega, vive, sufre, se muere. Vienen los otros a ocupar su sitio y la casa arruinada sigue viviendo.
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Y cada ola quisiera ser la última, quedarse congelada en la boca de sal y arena que mudamente le está diciendo siempre: adelante.
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Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses