Nosotros consideramos que el sentimiento del deber, profundamente arraigado en una naturaleza de hombre, es capaz de contener por tres horas el mar de demencia que lo está ahogando. Pero de tal heroísmo mental, la razón no se recobra.
Frases célebres sobre: ente. [Página 525]
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Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste.
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Poetizar es propiamente dejar habitar. Ahora bien, ¿por qué medio llegamos a tener un habitáculo? Por medio del edificar. Poetizar, como dejar habitar, es un construir
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El cuerpo humano es algo esencialmente distinto a un organismo animal
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Lo distintivo del pensar metafísico -que busca el fundamento del ente- es que, partiendo de lo presente, lo representa en su presencialidad y lo muestra, desde su fundamento, como fundado
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La astronomía es la más antigua de las ciencias y la fuente de vastos conocimientos
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El error es una planta resistente, crece en cualquier terreno
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El amor es un poema enteramente personal.
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Los trajes están hechos para poder enseñarlo todo y no dejar ver absolutamente nada.
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Las amistades duran poco cuando uno de los amigos se siente ligeramente superior al otro
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El amor que nace de repente es el más largo de curar.
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Cuando un hombre dice a una mujer que la ama, ella, por poco sólidas que le parezcan las bases de este sentimiento, sin razonarlo se siente impulsada a tomarlo por verdadero. Lo cree siempre.
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Las mujeres abandonadas son las que simplemente aman; las conservadoras son las que saben amar.
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El amor crea en la mujer, una mujer nueva; la de la víspera ya no existe al día siguiente.
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Sencillo es todo lo verdaderamente grande
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El odio confesado es impotente
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La ley de la necesidad hace elocuente
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Las mujeres abandonadas son las que simplemente aman; las conservadas son las que saben amar
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Así pues, refrenó las inclinaciones de su corazón, y no se permitió concesiones a la piedad. El siguiente sentimiento que se apoderó de su alma fue una exquisita maldad.
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Un terrible silencio reinaba en aquellas regiones subterráneas, salvo, de vez en cuando, algunas corrientes de aire que golpeaban las puertas que ella había franqueado, y cuyos goznes, al rechinar, proyectaban su eco por aquel largo laberinto de oscuridad