Cuanto más dinero entra, más inestable te sientes, porque tienes miedo de perderlo.
Frases célebres sobre: est. [Página 711]
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Lo que el estilo es a la persona, la estructura es a la obra.
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¿Preguntadme el por qué de este quebranto? Responderlo no sé...Tal vez sería sólo porque os miré, dulce señora.
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Lástima fuera, mi preciosa dama, que Amor sembrara en vos tantos primores si vuestra privación los vuelve abrojos.
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Mirándonos, Señora, me confundo, pues todo el que contempla vuestro hechizo decir no puede vuestras gracias bellas.
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Porque hermosura tanta en vos ve el mundo que no le asombra el ver que quien os hizo es el autor del cielo y las estrellas.
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Al ver vuestra belleza, oh amor mío, de mis ojos dulcísimo sustento, tan elevado está mi pensamiento que conozco ya el cielo en vuestro brío.
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En vos hallar esperan renovada su memoria y sus obras valerosas; y allá os muestran lugar, como acá ejemplo, que abre al mortal de eternidad el templo.
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Desque una vez yo miré, señora, vuestra beldad, jamás por mi voluntad los ojos de vos quité. Pues sin vos placer no siente mi vida, ni lo desea, si no queréis que yo os vea, ¿Qué veré que me contente?
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Tomad las riendas del imperio vuestro y dad materia á nuevo y mayor canto: y empiecen á sentir el duro peso que por el mundo todo cause espanto de ejércitos y hazañas singulares, de África tierras y de oriente mares.
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Este medio es poderosísimo, indestructible. Ojalá no la utilicen los políticos para sus afanes y acaben estropeándolo
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Los medios no están para aplaudir al gobierno socialista o al Partido Popular, están para decir su verdad
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Yo no se que haría sin micrófono, estaría perdido, estaría en el desierto intentando cazar gamusinos
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La radio continuará atrayendo mucho público, depende de quién esté detrás del micrófono, si pones a cuatro carcas pues lógicamente no te sirve para nada
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Con las nuevas promociones que están saliendo, se está haciendo una radio muy vital, muy activa
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A la una los pies beso y al otro las manos pido: pues en ellas veo que están, según mi ventura quiso, las llaves del paraíso de este venturoso Adán.
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Serénense tus ojos, y más perlas no des, porque al sol le está mal lo que a la aurora bien.
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Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.
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No fuera menor; y en suma si no queréis sea mi pluma la azada de vuestra huesa, no me tengáis más en calma, que del cuerpo es quien os cura tan confesor, como el cura es el médico del alma.
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¿A qué piensas, barquilla, pobre ya cuna de mi edad primera, que cisne te conduzco a esta ribera? A cantar dulce, y a morirme luego. si te perdona el fuego que mis huesos vinculan, en su orilla, tumba te bese el mar, vuelta la quilla.