Su Majestad es una señorita muy linda, pero no tiene mucho que decir.
Frases célebres sobre: est. [Página 885]
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Ayer, todos mis problemas parecían tan lejos. Ahora parece que están aquí para quedarse.
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Para los que no tenemos religión, nuestro Dios es el trabajo.
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Atestiguar el nacimiento de un niño es nuestra mejor oportunidad de experimentar el significado de la palabra milagro.
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Incluso un ateo puede estar de acuerdo en que un buen vino es la bebida de los dioses.
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La realidad no está simplemente allí, debe ser investigada y conquistada.
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Un pensamiento con estatura de árbol aferra el son de luz: todavía hay canciones que cantar más allá de los hombres.
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En este idioma, el alemán, procuré escribir poesía. Sólo para hablar, orientarme, inquirir, imaginar la realidad.
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Oyes que llueve y pensas, también esta vez será Dios.
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El arte debe hacer eterna a la naturaleza en nuestra imaginación.
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No conocía un solo sacerdote. No tenía un solo amigo católico. ... Pero el gran libro que se me abrió y en el que hice mis estudios, fue la Iglesia. ¡Sea eternamente alabada esta Madre grande y majestuosa, en cuyo regazo lo he aprendido todo!
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Cuando todo el mundo está loco, ser cuerdo es una locura.
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Algunas veces la razón me parece ser la facultad de nuestra alma para no comprender nada de nuestro cuerpo.
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El gusto está hecho de mil repulsiones.
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Incluso este París fastidioso y enfermo parece acoger a los jóvenes soles, y como con un inmenso abrazo tiende los mil brazos de sus tejados colorados.
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El invierno ha cesado: la luz es tibia y danza, del sol al firmamento claro. Es menester que el corazón más triste ceda a la inmensa alegría dispersa en el aire.
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Y tú, querida, por tu parte, qué cintura, qué aliento y qué elasticidad de gacela...Al despertar fue, en tus brazos, pero más aguda y más perfecta, ¡Exactamente la misma fiesta!
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La felicidad ah caminado codo a codo conmigo; pero la fatalidad en absoluto conoce tregua: el gusano esta en el fruto, el despertar en el sueño, y el remordimiento está en el amor: tal es la ley. La felicidad ha caminado codo a codo conmigo.
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Deja en su musgo errar mis dedos, ahí donde brilla el botón de rosa: déjame, entre la hierba clara, beber las gotas de rocío, ahí donde la tierna flor está rociada; para que el placer, amada mía, ilumine tu frente cándida como, al alba, el azul tímido.
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Tembloroso recuerdo esta huida del tiempo que se fue.