El pórtico del templo de la sabiduría es el conocimiento de nuestra propia ignorancia.
Frases célebres sobre: estr. [Página 200]
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Nuestra conducta es la única prueba de la sinceridad de nuestro corazón.
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El mejor recurso de nuestros días para ahorrar en mano de obra es 'mañana'.
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Nuestra mirada profunda: eterna y frondosa, como el alma de los océanos.
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Los hombres nos juzgan por el éxito en nuestros esfuerzos, Dios mira los esfuerzos por sí mismos.
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Si hay palabras y agravios como cuchillos, cuyas profundas heridas nunca cicatrizan ultrajes cortantes e insultos de dentado y venenoso filo, hay también palabras de consuelo demasiado dulces para el oído receloso, y cuyo eco perdura en nuestra memoria:
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Si mi maestro me retira su amistad, no tendré esperanza.
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El recuerdo es un veneno que se forma en nuestra alma y va aniquilando la sensibilidad del corazón.
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En la extrema soledad siento el milagro de la vida, y detrás de ella nuestros logros científicos que se decoloran hasta ser trivialidades
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¡Desdichados! Vuestros vicios, vuestras pasiones y vuestras debilidades os convierten en mis víctimas.
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El jardín, con su serena belleza bañada por la luna, su celestial inocencia, su teología de estrellas, era para mí a la vez un reproche y un consuelo. Traté de reflexionar, de analizar...Los dos esfuerzos fracasaron; y quizá en este silencio del alma, en
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¡Ay! Cuán falsa es la religión que hace del agravar el sufrimiento de otros nuestro mediador con ese Dios que quiere que se salven todos los hombres.
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Se estaba muriendo de una enfermedad no menos mortal que las que aparecen en un obituario; de una herida interior incurable: tenía destrozado el corazón.
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Tal es el sino de todo libro que se presta: con frecuencia se pierde, siempre se estropea.
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Y siento que los peligros, la soledad y un futuro incierto no son males abrumadores mientras el cuerpo esté sano y las facultades en uso, y sobre todo, mientras la libertad nos preste sus alas y la esperanza nos guíe con su estrella.
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Cuando la ficción adopta la omnipotencia de la realidad, cuando comprobamos que nos hacen sufrir tanto las ilusiones como la realidad, nuestros sufrimientos pierden toda dignidad y todo consuelo.
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Las olas, al retirarse, dejaban de vez en cuando la arena tan seca como la del desierto; y los árboles y arbustos se estremecían y se sacudían en incesante agitación, como el oleaje de un temporal en plena noche.
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Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender.
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El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza.
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El nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba del padre; el nuestro, se parece al amor del padre junto a la cuna del hijo ... Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, todavía sigue naciendo.