La faceta ridícula que veo en el amor siempre me impidió entregarme a él. He deseado, en ocasiones, seducir a una mujer, pero con sólo pensar en el aspecto extraño que en esos momentos debía de tener, me entraban ganas de reír. Tanto es así que mi volunta
Frases célebres sobre: ganas. [Página 5]
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El que sea capaz de quedarse con ganas ante un buen plato por temor a engordar, se quedará también con ganas ante todas las otras cosas agradables que hay en la vida
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La perfecta hora de comer es, para el rico, cuando tiene ganas; y para el pobre, cuando tiene qué.
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Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
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El que no sienta ganas de ser más, llegará a no ser nada
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Hay mucho en juego, hay un destino nuevo y ollas para destapar. Hay ganas, hay onda, que nadie más se esconda por miedo a andar con la verdad.
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Trata a la gente humilde con cortesía, que la humildad merece ser atendida: en ello ganas, porque nada te cuesta y ella te ensalza.
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Pero justamente porque soy valiente, tendrán aun más ganas de devorarme, para adquirir parte de mi coraje.
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Hay películas excelentes que poseen errores técnicos. Y películas técnicamente muy bien realizadas, pero de un vacío y de una sequía interiores que da pena. Para mí es mucho más importante la inspiración, las ganas de decir algo, de hacer algo. Lo demás e
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Si no tienes ganas de ser frustrado jamás en tus deseos, no desees sino aquello que depende de ti.
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Llega a dar gusto el cielo, dan ganas de tocarlo; como decía usted: dan ganas de tirarse al cielo de cabeza.
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La vida es tan amarga que abre a diario las ganas de comer.
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La vida es tan amarga que abre las ganas de comer.
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Cuando me dicen que mis coches consumen demasiado o que son demasiados peligrosos por su potencia, me dan ganas de reír. La vida misma es un cotidiano consumo de energía y riesgo
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El azar tiene muy mala leche y muchas ganas de broma.
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Las ganas de morir y las de amar son mellizas que me aman.
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Ya no. Una vez más, los periódicos cuentan lo que quieren o lo que la gente tiene ganas de leer. En cualquier caso, sigo estando vivo.
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A veces me dan ganas de llorar, pero las suple el mar.
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Noche, madre sombría: cuando llegue el minuto negro de mi borrasca, hazme sufrirlo aquí, junto a la orilla del agua amarga que, si me vienen ganas de llorar, quiero tener azules las ideas, y en mis palabras el sonar de las mareas.
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Cuando el 15 de junio de 1958 fui al estadio Nya Ullevi de Gotemburgo, había 50.000 personas con ganas de ver al pequeño niño negro que llevaba el número 10. Muchos me vieron como una especie de mascota en comparación con el físico enorme de los rusos