Al Padre de todas las cosas no se le puede imponer nombre alguno, pues es inengendrado. Porque todo ser al que se impone un nombre, presupone otro más antiguo que él que se lo imponga. Los nombres de Padre, Dios. Creador, Señor, Dueño, no son propiamente
Frases célebres sobre: gen. [Página 343]
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No podemos concebir el amor platónico al margen de la muerte. La posibilidad de su muerte es el gran incentivo de todas esas pasiones.
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Como un día me la diste viva tu imagen poseo, que a diario lavan mis ojos con lágrimas tu recuerdo.
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Si todos están haciéndolo de una manera, hay una buena posibilidad de que usted encuentre su espacio si hace exactamente lo opuesto. Pero esté preparado para ser condenado por mucha gente, que le dirá que está en el camino errado
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Tanto las expectativas como los recuerdos son más que simples imágenes basadas en las experiencias previas.
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Mucha gente no puede ni emanciparse, es decir, no puede ni darse cuenta de la esclavitud en que le mantiene las ideas en medio de las cuales se ha educado.
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Los bandidos te piden la bolsa o la vida; las mujeres exigen ambos
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Y no importa cuán divergentes sean los puntos de vista de los antólogos, si concuerdan en la elección de un mismo poema, podemos estar seguros de que alguna virtud tendrá.
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Elegir es criticar y criticar es definir, a priori, en los términos más generales que es posible, la naturaleza esencial de lo que se trata de tal manera que es esta definición a priori la circunstancia, providencial puede decirse, a partir de la cual esa
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La religión es de interés público y general, y sobre su apoyo dependerá, en gran medida, la paz y el buen orden de gobierno, la seguridad y la felicidad de la gente.
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Cuando el claro día llama a mis cristales, desvelado me encuentra en la sombra trazando tu imagen.
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Dos velas tengo encendidas en el altar de mi alma, y en él adoro a una virgen que tiene tu misma cara.
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Si quieres darme la muerte tira donde más te agrade, pero no en el corazón porque allí llevo tu imagen.
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En el altar de tu reja digo una misa de amor, tú eres la virgen divina y el sacerdote soy yo.
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Porque no saber nada no es nada, no querer saber nada tampoco, pero lo que es no poder saber nada, saber que no se puede saber nada, este es el estado de la perfecta paz en el alma del negligente pesquisidor.
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El mar, el cielo, la montaña, las islas, vinieron a aplastarme en una sístole inmensa, después se apartaron hasta los límites del espacio. Pensé débilmente y sin tristeza en el relato que había intentado articular, relato a imagen de mi vida, quiero decir