Ahora sobrevivo y mi sueño está tan cerca de la vigilia que apenas si se puede llamar sueño.
Frases célebres sobre: llam. [Página 70]
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Sólo en la mente de los traidores y de los viles, de los hombres como yo, pueden surgir los bellos sueños que llamamos utopías.
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Cuando hago esto, la gente piensa que es porque quiero alimentar mi ego, ¿verdad? Por supuesto, ¡no pido que se le llame Stallmanix!”.
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Hay alguien que intercepta esos mensajes que vienen a mí. Un técnico, dijo, un hombre llamado Arocena. Francisco José Arocena. Lee cartas. Igual que yo. Lee cartas que no le están dirigidas. Trata, como yo, de descifrarlas. Trata, dijo, como yo de descifr
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No hay peor utopía, que la de aquellos que se hacer llamar realistas
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Rezar, dejar sencillamente fluir mi tristeza. No sé cuantas cosas se amontonaron en mi soledad.
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La mayor parte de los que se llaman caballeros son incapaces de arriesgar la vida o la fortuna para demostrar que lo son
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Yo lo único que he sido capaz de averiguar de lo que es el feminismo es lo siguiente: Sólo sé que la gente me llama feminista siempre que expreso sentimientos que me diferencian de un felpudo.
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En donde vivo desde que no estás ya no le llamo casa
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La televisión, esa bestia insidiosa, esa medusa que convierte en piedra a millones de personas todas las noches mirándola fijamente, esa sirena que llama y canta, que promete mucho y que en realidad da muy poco.
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Cada vez que se habla de Raúl aparece la palabra siempre. Debería llamarse Raúl Blanco Siempre. Su influencia en la institución entera es muy poderosa en estos momentos. Estamos hablando de la mitad de su carrera deportiva. Impresionante.
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No es en la novedad, sino en el hábito donde hallamos los mayores placeres.
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El hombre es homo religiosus, dado que el género humano siempre se ha planteado preguntas definitivas. Estas preguntas dan lugar a la más profunda comunicación entre las personas y son fruto de una llamada que las precede
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Nadie me cantará como te canto, madre, con una llama que se enciende en ti y en mi termina.
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Los antiguos llamaron belleza al florecimiento de la virtud.
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Lo que llamamos en otros pecado, consideramos en nosotros como experiencia.
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A veces me parece oír su voz. Oírle vivo. Ni siquiera las fotografías me producen tanto efecto como la voz. Pero no me llama nunca. Y en sueños, soy yo quien lo llamo.
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No vi la explosión. Sólo las llamas. Todo parecía iluminado. El cielo entero. Unas llamas altas. Y hollín. Un calor horroroso. Y él seguía sin regresar.
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Él no quería ir al médico. No noto nada. No me duele nada. Y entretanto los ganglios linfáticos ya tenían el tamaño de un huevo de gallina. Le metí a la fuerza en un coche y lo llevé a la clínica. Lo mandaron al oncólogo. Un médico lo examinó, llamó a otr
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Alza las manos ante la débil llama que arde en un extremo de un tronco carbonizado. Su piel está tan pálida que parece traslúcida y puedo ver el fuego brillar a través de ella.