Se le ha muerto el marido.
Frases célebres sobre: mari. [Página 19]
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Sólo viví una sensación igual a la del accidente un día que fumé Marihuana
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Una mujer sensible debería ser guiada por su cabeza cuando busque un marido y por su corazón cuando busque un amante.
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Los juramentos de amor son como los votos de los maridos: se olvidan pasada la tormenta.
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El país se fundó sobre el principio de que el rol primario del gobierno es proteger de la mayoría a la propiedad, y así sigue.
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El novio cree que su novia gusta más a los otros de lo que les gusta en realidad; el marido cree que su mujer gusta menos a los otros de lo que les gusta en realidad.
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El buen marido ama el hogar, como los buenos marinos aman el mar: a pesar de las tormentas.
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Cada vez que me despierto mi boca vuelve a tu nombre como el marino a su puerto.
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Mi cuerpo es, de cierto modo, un diario. Como sucedía con los marineros donde cada tatuaje significaba algo, un período especial de tu vida que dejas marcado en tu piel, ya sea con un cuchillo o con un tatuador profesional
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Las mujeres no se casan, únicamente pasan a cuidar niños. El menor de los infantes suele ser el marido.
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Casarse de nuevo no es ningún insulto a la honra del difunto; cualquier mujer puede reverenciar la memoria del marido muerto y al mismo tiempo ser feliz en compañía de un segundo esposo.
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Las mujeres siempre intrigan en secreto contra el alma superior de sus maridos; siempre quieren apartarles de su futuro con el cebo de un presente cómodo y libre de sufrimiento.
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Hay una cama, una pequeña mesa plegable, y armarios de madera de verdad. Esos elementos en combinación con fotografías de familiares y amigos le dan un aire acogedor y doméstico completa- mente arruinado por la fotografía enmarcada de Adolf Hitler que cue
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Mi voluntad está sentada henchida de esperanza, entre las ruinas de tumbas amarillas.
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Atravesó un cementerio de tractores amarillos, orugas y máquinas de arrastre. Se preguntaba si éste era el lugar al que iban a morir los tractores.
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Todo pasa, menos la adúltera. En los bares y en los velatorios, en la esquina y en las farmacias, hay siempre alguien hablando de las señoras que traicionan a sus maridos. El amor exitoso no interesa a nadie.
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Nadie recordaría al buen samaritano, si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.
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Nadie se acordaría hoy del buen samaritano si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero.
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El bar es resonante como una concha marina. Todas las voces brasileñas pasan por allí.
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El metro de la Ciudad de México es mío, me lo regalo mi marido Alex Berger