Aquellos que pueden renunciar a la libertad esencial por conseguir una pequeña seguridad transitoria no merecen ni la libertad ni la seguridad.
Frases célebres sobre: mer. [Página 188]
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Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio.
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Los que cambian su libertad por su seguridad no merecen libertad ni seguridad
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Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad.
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No hay otra tontería mas perniciosa que haya inventado el hombre que los tratados comerciales
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La prudencia de los sabios y la experiencia de las edades acaso pueden ser preservadas a la posteridad mercad a las citas.
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Lo verdaderamente mágico de nuestro primer amor es la absoluta ignorancia de que alguna vez ha de terminar.
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Los mejores fascistas obedecen en silencio y trabajan con disciplina. Nosotros decimos: primero los deberes, luego los derechos
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Considero que el escritor debe empezar a escribir cuando, primeramente, tiene algo que decir y, en segundo lugar, cuando sabe cómo decirlo.
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Todo es de noche hoy y el alma es un oscuro alimento que no puede comerse.
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El Shannon no me mira, en Limerick la luz se ha vuelto ausente, pero sé que respira cuando inclino mi frente, que calla mucho más de lo que miente.
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Los primeros días del hombre son provisión para los últimos.
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Todo cuanto deseamos honestamente se reduce a estos tres objetos principales, a saber, entender las cosas por sus primeras causas, dominar las pasiones o adquirir el hábito de la virtud y, finalmente, vivir en seguridad y con un cuepo sano.
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... yo creo que los escribas encontraron un número sumamente reducido de ejemplares, quizá no más de dos o tres.
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El conocimiento es como el fuego, que primero debe ser encendido por algún agente externo, pero que después se propaga por sí solo.
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Aquellos días de los primeros combates de ajedrez, el tablero me seducía como quizá no me haya vuelto a seducir posteriormente. Es raro el ajedrecista principiante que no haya vivido un periodo así de atracción pasional por el tablero.
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Recuerdo un milagroso instante: cual una efímera visión, apareciste tú, radiante y hermosa como la ilusión.
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Uno nunca debe dirigir a las personas hacia la felicidad, porque la felicidad es también un ídolo del mercado. Uno debe dirigir hacia ellos el afecto mutuo
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Excepto mis amigos íntimos, nadie sospechaba siquiera que yo era gran maestro de ajedrez: ni durante los primeros meses de la guerra, cuando yo trabajaba de tecnólogo, ni posteriormente cuando ocupaba el cargo de ingeniero jefe de la fábrica. Me conocían
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De vez en cuando vale la pena salirse del camino, sumergirse en un bosque. Encontrará cosas que nunca había visto