Las reglas del juego establecen que los hombres son mortales pero las corporaciones gigantes son sagradas hasta la eternidad.
Frases célebres sobre: mort. [Página 9]
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La inmortalidad personal no es, por ende, un derecho que poseemos; es algo que debe ser realizado por medio del esfuerzo personal. El hombre es tan sólo un candidato a ella.
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Casamiento y mortaja, del cielo baja.
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Cantemos al linaje de aquella que nació de la espuma de las olas; Cantemos al real e inmenso origen de donde partieron, alados, los inmortales deseos.
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Ningún mortal es sabio todo el tiempo.
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Cuando la muerte se precepita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
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Lo que se mueve por sí mismo es inmortal.
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Los hombres viven celosos de la inmortalidad.
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Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.
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..., si se aspira a que una ciudad se desenvuelva en buen orden, hay que impedir por todos los medios que nadie diga en ella que la divinidad, que es buena, ha sido causante de los males de un mortal...
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El cuerpo es la cárcel del alma inmortal.
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El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos.
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Mi alma no intenta ser inmortal, pero sí agotar el reino de lo posible.
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Rezar es como tomar un camino a ciegas en medio de las tinieblas y esperar que una luz mortecina nos garantice que no nos hemos extraviado
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No estamos en el mundo ideal en que quisiéramos, donde la mortalidad sería fácil porque también lo sería la cognición. Donde uno pueda hacer el bien sin esfuerzo porque sabrá darse cuenta de lo obvio.
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La teología, que tiene por virtud ser absurda, y que cree en las cosas precisamente porque son absurdas, ha puesto por encima de las almas humanas inmortales y por consecuencia infinitas la infinitud superior, absoluta de dios.
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El individuo idealista de los religiosos, puesto que está dotado de un alma inmortal, es infinito y completo en sí; por consiguiente no tiene necesidad de nadie, ni aún de dios, y con más razón no tiene necesidad tampoco de otros hombres; por lo tanto es
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El considerar la existencia de muchos hombres igualmente inmortales, es decir, igualmente infinitos, y por encima de ellos un dios todavía más inmortal y más infinito es una incongruencia.
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El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave. Dejadme la esperanza
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Ni, pues, el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmación racional, ni tampoco la razón nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta