Nada muere; los hombres fingen estar muertos y tienen que aguantar la parodia de sus funerales y afligidas necrológicas, y ahí están, de pie, mirando por la ventana, sanos y salvos, con un nuevo y extraño disfraz
Frases célebres sobre: muer. [Página 126]
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Ya había muerto, pero seguía caliente, caliente... No se lo podía tocar...
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Muchos creyeron que el comunismo está muerto, pero es una enfermedad crónica.
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El tirano muere y su reino termina; el mártir muere y su reino comienza.
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Escribo para definirme, un acto de autocreación, en un diálogo conmigo misma, con escritores que admiro, vivos y muertos, con lectores ideales. Porque me da placer. No sé con certeza para qué sirve mi trabajo
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Del sueño a la muerte hay un pequeñísimo trecho
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La fuerza es la vida, la debilidad es la muerte.
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Así como el animal en cautividad recorre a diario la jaula para desentumecer sus patas o mide la longitud de su cadena, así mido yo la longitud de la mía, remontándome hasta la muerte, para desentumecer mis miembros, y hacer más llevadera la vida.
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¡Pues miente! ¡Invéntate algo! -No se me da bien mentir. -Pues aprende deprisa. Tienes tanto encanto como una babosa muerta.
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Solamente dependo de la muerte, ya que discurso no hay ni diligencia que de su despotismo nos liberte. Más la espero sin miedo y con paciencia, vivo sin desearla; y de esta suerte, amigo, se acabó la dependencia.
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¡Cuántos pasar por sabios han querido con citar a los muertos que lo han sido!
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Frágiles desolaciones aspiradas por la muerte, más allá de las torpes persecuciones del tiempo, la tempestad se deleitaba ante su fin tan próximo.
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El buen gusto es la muerte del arte.
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Mi único miedo a la muerte es volver reencarnado.
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Si con más frecuencia pensases en tu muerte que en vivir largo tiempo, no hay duda de que te enmendarías con mayor fervor
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Que no te engañen esas ratas de traje y corbata que tu dinero quieren, ya sabes muere o mata ya no me tiro a sociatas, al saber de mí como el que organizó el bukakke sobre Leire Pajín.
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Pero para descubrir la verdad sobre cómo mueren los sueños una no debería fiarse de las palabras del soñador.
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Todos los hombres mueren, pero no todos los hombres realmente viven.
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El buen gusto estaba fuera de lugar cuando se trataba de la muerte, que constituía la esencia del mal gusto.
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Allí, en el centro de ese silencio, encontraba no la eternidad, sino la muerte del tiempo, y una soledad tan profunda que la palabra misma perdía todo sentido.