En vano busco en los hondos escondrijos de mi ser para encontrar algún odio: nadie puede herirme ya sino de piedad y amor. Todos son yo, yo soy todos, ¡oh Cristo!
Frases célebres sobre: odio. [Página 20]
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Te odio con el odio de la ilusión marchita
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De una confidencia a una indiscreción no hay más distancia que la del odio a la boca.
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Los celos son una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo.
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La ausencia es un remedio contra el odio como una protección contra el amor.
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La envidia y el odio van siempre unidos. Se fortalecen recíprocamente por el hecho de perseguir el mismo objeto.
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Me acosté, pero no pude dormir: dos pasiones, el amor y el odio, me mantenían despierto.
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Persecuciones, dice él, la historia del mundo está llena de ellas. Perpetuando el odio nacional entre las naciones.
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La fuerza, el odio, la historia, todo eso. Eso no es vida para los hombres y las mujeres, insultos y odio. Y todo el mundo sabe que es precisamente lo contrario lo que es la vida de verdad
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El terror, lejos de propiciar el orden como le enseñaron en los cursos para oficiales, había sembrado un odio cuya cosecha sería fatalmente mayor violencia. Sus años de carrera militar le dieron un profundo conocimiento de la Institución y decidió emplear
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Para todos aquellos que caminan el camino de la cooperación humana, la guerra les debe parecer odiosa e inhumana.
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No se debe tener ni amor ni odio hacia los hombres que están en el gobierno. Se debe tener para ellos el mismo sentimiento que se tiene por un cochero; conduce bien, o conduce mal, eso es todo
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Al igual que el odio, los celos están prohibidos por las leyes de la vida porque son esencialmente destructivos.
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En política, compartir los odios es la base de la amistad.
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Los excesos cometidos en nombre de la libertad pueden hacerla odiosa, pero no son obstáculo para que ella sea bella y necesaria.
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Detras de cada mujer exitosa hay un monton de odiosos que desperdician mucho tiempo pensando en ella.
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Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
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Jamás he conocido las pasiones más odiosas, nunca ha invadido mi corazón la envidia, la maldad, ni la venganza... en ocasiones la ira, pero no soy muy hábil y jamás guardo rencor
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Me siento demasiado superior para el odio
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El misántropo es hombre; por lo tanto, el humanista ha de ser en cierta medida misántropo. Pero es un misántropo científico, que ha sabido dosificar su odio, que odia primero a los hombres para poder amarlos después