Los edificios eran demasiado altos, los coches transitaban a velocidad excesiva y había demasiada gente. Tuvo que taparse los oídos cuando pasó un convoy de enormes camiones rusos. Todo le provocaba el asombro de lo nuevo: los edificios de apartamentos, l
Frases célebres sobre: oídos. [Página 4]
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Estómago hambriento no tiene oídos.
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Si abrieras realmente los ojos, y vieras, verías tu imagen en todas las imágenes. Y si abrieras tus oídos para oír, oirías tu propia voz en todas las voces
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Buscad el consejo de los ancianos, pues sus ojos han visto el rostro de los años y sus oídos escuchado las voces de la vida. No obstante sus consejos os desagraden, escuchadlos
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Para las mujeres el mejor afrodisiaco son las palabras, el punto g está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo
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Jamás resuene en nuestros oídos la terrible palabra enemistad.
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Los ojos son testigos más exactos que los oídos.
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Son los ojos testigos mucho más exactos que los oídos
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Se carece de oídos para escuchar aquello a lo cual no se tiene acceso desde la vivencia.
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Más a las veces son mejor oídos el puro ingenio y lengua casi muda, testigos limpios de ánimo inocente, que la curiosidad del elocuente.
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Un consejo, señor, no se acerque nunca al lago... Y sobre todo, tápese los oídos si oye cantar la voz bajo el agua... la voz de la sirena.
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La poesía es pintura de los oídos, como la pintura poesía de los ojos.
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Presta oídos al mundo que yace en algún rincón de ti mismo y que no precisa mostrarse para ser.
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La libertad comienza por los oídos.
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Mi universo son mis ojos y mis oídos. Todo lo demás son rumores.
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El inconsciente puede reservar mensajes esenciales para los oídos que sepan ponerse a la escucha.
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La gloria humana no es otra cosa que un gran rumor de viento en los oídos.
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Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca para enseñarnos que más vale oír que hablar
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Recordad que la naturaleza nos ha dado dos oídos y una boca para enseñarnos que vale más oír que hablar.
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Emperador a Mozart: Es demasiado hermosa para nuestros oídos, verdaderamente encuentro que hay demasiadas notas. A lo que el compositor repuso: Exactamente no hay más que las necesarias.